Una mirada múltiple a la afición por la riqueza

Si reparamos la existencia de José Martí, como si nos adentramos sin dogmas en su obra, podremos rastrear la presencia de un ser humano de extraordinaria capacidad y talento, de cultivada sensibilidad, que nos reta y seguirá demandando una mirada múltiple que no tema, tampoco, caer al filo del abismo, y medir las bondades del hombre y sus propias y naturales debilidades desde el registro de la persona.

Difícil resulta, y lo reconozco, acercarse al Maestro (que es también un material de estudio que exige del conocimiento de varias disciplinas), desde la historiografía a la estética, de las ciencias políticas a la poesía, desde la ética a la producción de un escritor que se movió por diversos géneros, en prosa y verso; y fue además periodista, para alcanzar la síntesis no sólo de su ideología, sino de su propia fecundidad como artista.

Por eso, cualquier estudio de su persona o de su obra, no puede ni debe olvidar los matices múltiples que nos plantea desde su subjetividad el perfil martiano.

Es el mismo que nos obliga a cuestionar muchas categorías establecidas como válidas, en relación a la creatividad del propio escritor, político, maestro, revolucionario, artista, abogado, soldado, intelectual.

Es, el que hizo exclamar de angustia a Rubén Darío fuertes reproches ante la noticia de su caída en Dos Ríos, como también a la sensibilidad de la chilena Gabriela Mistral; abrumados ambos poetas ante la dimensión universal del lírico, del genuino transformador del verbo en nuestra América que se perdía, desde el mismo instante en que asumió, como destino, y con sentido agónico, que la patria era, su libertad e independencia, su verdadera razón de ser y no el ejercicio de la palabra en todas sus variantes, desde la escritura hasta la oralidad; porque no podemos olvidar tampoco sus dotes oratorias y su propia elocuencia.

Hombre inserto en período de cambios, cuando culminaba la construcción de la modernidad en los Estados Unidos, veinte años después de la guerra civil, y en América latina y el Caribe sólo quedaban dos colonias hispanas, sus amadas islas de Cuba y Puerto Rico, así como se proyectaba (tal como lo aprehendió Martí) un nuevo pensamiento que hoy calificaríamos en términos contemporáneos de globalizador: luego del reparto del mundo entre las grandes potencias coloniales, que desde Europa se habían distribuido el África, Asia, Oceanía y pujaban, tempranamente entre sí; y con el emergente capitalismo financiero y monopolista de Estados Unidos, también por el control de la cuenca caribeña, de Centro y Sudamérica, y el horizonte bañado por las aguas del Pacífico.

Deudor de su época, resumen de la independencia iniciada por Bolívar y otros próceres a principios del siglo XIX, sería Martí el intelectual que asumiría el tránsito hacia la nueva centuria, al encabezar en Cuba la tercera guerra de independencia que él llamó y, sobre todo, sabía necesaria para el ya frágil e incierto equilibrio del mundo.

Texto de Mercedes Santos Moray (La Habana, 25 de octubre de 1944 - 9 de enero de 2011) publicado el 2 de junio de 2012 por CMBF Radio Musical Nacional bajo el título de Una mirada múltiple, al filo del abismo.