Eticista siempre
Como tan a menudo hacía, Martí desliza en muchas ocasiones juicios desde el punto de vista ético al pensar y escribir sobre el género humano, este mundo del cual formarnos todos, la humanidad. Le preocupó mucho el sentido de la vida humana, para qué estábamos en el mundo, cuál es nuestra función, cuál es nuestro papel, para qué vivir.
De tal modo escribiría: «El hombre es bueno. Toda la gloria humana le cautiva y así como repele al cabo toda grandeza falsa, así acata sumiso, aunque lo haya mortificado con su duda, o lacerado con su abandono toda grandeza verdadera».
Siempre que encontremos la palabra gloria en Martí, no pensemos que es el brillo del poder, del reconocimiento material, de convertirse en una persona importante reconocida por diversas razones. Esa no es la gloria. Para Martí, la gloria estriba justamente en el hecho de que una persona entregue su grandeza, sus mejores valores.
Esa forma de sacrificar lo suyo en función de los demás y de la sociedad, es lo que conlleva a la verdadera gloria; porque es la grandeza verdadera, no la falsa.
A la larga, la grandeza verdadera, la de entrega y superación del ser humano, es la que puede entendida, admirada, acatada con sumisión; es también la que puede hacernos comprender nuestros errores.
Y aunque el ser humano, la sociedad, determinados grupos hayan lacerado con su abandono esa grandeza verdadera, al fin y al cabo esta se impondrá y esto significará que muchas personas acatarán sumisamente esa grandeza verdadera. Es decir, seguirán por el camino del bien, que es la forma de poder ser bueno; porque bueno es una cualidad moral propia de los seres humanos que se debe impulsar y destacar.
Pedro Pablo Rodríguez