El deber es absoluto, pero la política es relativa

Al analizar la política interna estadounidense, las discusiones, las divisiones, las luchas políticas dentro del país, Martí aprovecha también para entregarnos frases que no solo son aplicables a esa nación.

Así, en uno de sus escritos acerca de los Estados Unidos que fechó en noviembre de 1888, asegura: «El deber es absoluto, pero la política es relativa»; es un aforismo y un axioma, de la forma en que la presenta.

Hay una cierta verdad que expresa de manera directa: el deber es inexcusable. El deber no hay por qué discutirlo, es lo que se debe hacer en cada momento, lo que se impone para el ser humano que, efectivamente, se está guiado por los mejores valores que Martí defiende.

Pero también dice que «la política es relativa». Aquí, está trazando una diferencia importante: una gran contradicción que vivió en sí mismo, entre el político y el hombre del deber.

¿Cuál es el deber del patriota cubano? Pues luchar por la independencia de Cuba. Mas, ¿cómo lo afronta el político?

Ahí está el conflicto interno con el cual Martí lidió sistemáticamente, a medida que se fue convirtiendo en un  líder político del pueblo cubano, en la medida en que se convirtió en el Delegado del Partido Revolucionario Cubano: los años finales de la vida de Martí, entre 1892 y 1895, justamente hay que analizarlos a  través de esta mirada, como mantener lo absoluto del deber frente a la relatividad en que tiene que moverse la política.

Y sabemos que lo hizo con una maestría tremenda, sin traicionar lo que consideraba era deber, pero con la relatividad necesaria para quien estaba buscando la unidad; por lo menos en la tarea más inmediata: alcanzar la independencia, mediante la lucha armada, y evitar la intervención de los Estados Unidos y su anexión de Cuba: el peligro mayor y más difícil.

¿Quiere esto decir que la relatividad de la política es mala, es deficiente para Martí? ¿La está enjuiciando como contraria al deber? Lo que está planteando aquí justamente es ese difícil equilibrio que hacía para Martí de la política un arte, en el cual había que saber cómo moverse con esa relatividad y mantener además lo absoluto, que era el deber.

Por Pedro Pablo Rodríguez