Con la llegada del siglo XX resurgió en Cuba el interés por la danza. Alcanzada la independencia y disfrutando un aceptable estabilidad económica (sobre todo después de la primera posguerra), con la visita de diferentes compañías europeas y norteamericanas se restablece el gusto por los espectáculos danzarios, que tuvieron como principal momento las tres visitas de Anna Pávlova con su compañía en 1915, 1917 y en la temporada 1918-19.
Después, algunas de sus bailarinas se establecieron en el país y abrieron academias para la enseñanza del ballet, como la señora Ferman Flor (cuyo nombre real era Ina Claire), autotitulada «miembro de la compañía de Anna Pávlova», quien fue una de las más conocidas maestras de los primeros años del pasado siglo.
La mayor parte de estas academias se establecían en La Habana, en tanto alumnas de la señora Flor como Silvia Medina de Gaudie, Mercedes Camejo y Marianela González, abrieron también sus escuelas privadas; de las cuales, una de las más conocidas de los primeros treinta años del siglo XX fue la creada por Dania Vesco, cuya hija Lina aprendió a bailar sur le poine sin las zapatillas preparadas al efecto, por lo cual bailaba ballet sobre sus propios (y adoloridos) dedos.
Igualmente, en el céntrico y elitista barrio del Vedado, Margot Párraga construyó una lujosa academia, muy visitada por las niñas de la alta sociedad.
Otras instituciones en las que se enseñaba ballet y danza en la Cuba de entonces fueron el Conservatorio Municipal de Música de La Habana, con la profesora Ana Mariani, quien formó una pequeña pero fundadora generación de bailarinas. Luego, en los años cuarenta, las ballerinas del Original Ballet Ruso del Coronel de Basil Nina Verchinina y Abna Leontieva, se establecieron en la capital y crearon academias privadas.
Verchinina enseñaba con métodos no muy ortodoxos para el ballet: excluía los ejercicios en la barra, utilizaba el trabajo en el piso, y poseía una cierta influencia de la danza expresionista alemana. La Leontieva, por su parte, se hizo acompañar de su madre: Eugenia Klementskaya, ex solista del Ballet Imperial de Rusia e integrante de los míticos Ballets Rusos de Diáguilev, y creó una compañía semiprofesional que llevaba su nombre en 1944, registrada como el primer intento de profesionalizar el ballet en Cuba.
Abna Leontieva fue también una reconocida coreógrafa y dirigió la escuela Provincial de Ballet de la Habana en 1962. Sin embargo, no cabe dudas de que la más seria y trascendente academia de danza de este periodo resultó la fundada en 1931 dentro de la Sociedad Pro-Arte Musical, la cual (durante 40 años) hizo una importante contribución al conocimiento y desarrollo del ballet en el país.
*El autor es profesor, crítico de danza y colaborador del programa Ballet de CMBF, Radio Musical Nacional.
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