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Versatilidad agradecida de pianistas cubanos

La cultura cubana cuenta con una rica tradición pianística que se remonta a los albores del siglo XIX, que se ha visto estimulada por importantes lauros a escala internacional alcanzados por pianistas que se dedican a la llamadas músicas culta o  popular.

Ernesto Lecuona, el más grande de los pianistas y compositores de su época, logró que ambas se fundieran ante su genialidad.  Nadie puede afirmar que su Suite Andalucía no es meramente española en sus pasajes melódicos, armonías y factura; o que las Danzas Afrocubanas no reflejan la esencia africana saboreada con las células rítmicas de la música popular cubana.

En Cuba, llena de musicalidad y riqueza rítmica, no es de extrañar que nazcan grandes músicos que, como Lecuona, tienen la dualidad de nadar con igual éxito en ambas realizaciones.

El Maestro Frank Fernández asegura que en su natal Mayarí, bebió primero de la música popular y luego le vino el rigor académico. Tal es así que lo hemos visto compartiendo escenarios con destacadas agrupaciones e interpretes que cultivan el son y la salsa.

Sin embrago ha preferido, en alguna medida, dedicar gran parte de su tiempo a la música de concierto, a la creación musical y a la formación de pianistas. No en balde la crítica lo cataloga como una de las principales figuras de la cultura nacional y, más importante aún, así lo reafirma su legado y acción diaria.

Luego, en los últimos años, el paisaje musical cubano se ha enriquecido con dos intérpretes que conquistaron un lugar imprescindible y poseen similar virtud: Aldo López-Gavilán Junco y Harold López-Nussa Torres; fruto de una formación académica de excelencia en instituciones del país y de la inquietud individual por hacer todo cuanto les permita su creatividad.

Asimismo hemos podido constatar el amplio horizonte artístico que les asiste, tanto en sus presentaciones junto a formaciones sinfónicas o camerales, como en recitales y conciertos, interpretando a Wolfgang Amadeus Mozart, Serge Rachmaninof o Miles Davis, Keith Jarret y sus propias partituras. Todo un desafío a las posibilidades humanas.    

Quizás alguna parte del público no entienda sus desempeños en varios campos o tal vez se les prefiera disfrutarlos sólo en una de estas facetas. Tales virtudes no siempre encuentran en una misma persona su medio de expresión, de ahí que talentos como esos deban ser cuidados y admirados.

Lo cierto es que Ernesto Lecuona, Frank Fernández, Aldo López-Gavilán o Harold López-Nussa son algunos de esos pianistas cubanos que nos han deleitado y enorgullecido con su impronta y para los cuales la música agradece esa versatilidad.   

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