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Sí, hubo teatro en 2020

Escena de Ubú sin cuernos por Ludi Teatro. Foto: Carlos Alberto Mëndez

A lo largo de 2020, el paisaje socio cultural fue cartografiado por la pandemia de la COVID-19 como determinante natural, mediatizando los tejidos de la vida social e individual.

En ese entramado, las artes escénicas  (al no poder prescindir de la corporalidad y de su singularidad) han sido, dentro de la esfera ideo estética, donde mayores esfuerzos se realizaron para mantener la latencia ante la irremediable concreción del nuevo coronavirus y las digresiones inherentes provocadas por su presencia alarmantemente perentoria.

Por tanto, las artes escénicas han tenido que poner atención a componentes formales ajenos a la ortodoxia de la escritura escénica entre nosotros, definiendo una nueva retórica de la puesta en escena, disciplinada por el control el distanciamiento social.

Así, la composición escénica alcanzó otros derroteros a lo largo del año: teleteatro, ciberespacio o cualquier otro apareamiento. Todo en busca de nuevas perspectivas  para la atracción y la percepción sensorial, en aras de la debida expectativa, que exige todo suceso teatral dentro o fuera del espacio escénico convencional.

Ciertamente, en 2020 hubo atenuación de las artes escénicas. Se desdibujó el habitual paisaje escénico; pero hubo teatro y danza en vivo y en directo. Eso nos obliga a  pensar en lo que se hizo.
Vi no menos de veinte puestas en escena donde hubo dos estrenos que quiero destacar: Ubú sin cuernos y La excepción y la regla.

Ambas puestas alcanzan un significado discursivo de relevancia social, aunque sus contextos discursivos están soportados por diferentes potenciaciones en cuanto a la teatralidad.

Digamos que entre estos dos títulos hay diferencias en la expresión o manifestación del significado. El sentido de ambas comunica una preocupación social, pero  el contexto expresivo, el montaje, la escritura escénica difiere; porque Ubú sin cuernos es más perceptual en tanto acude a lo sensorial por la urdimbre entre los distintos sistemas significantes: luces, espacios actorales, vestuarios, maquillaje, sonido, enunciación actoral; mientras que en La excepción y la regla se produce un montaje con un proceso enunciativo con preponderancia lingüística que comunica por encima de lo que se dice, no olvidemos que se trata de un texto de Bertolt Brecht donde es insoslayable el recurso didáctico para la formación de una conducta sociopolítica.

De haberse entregado el Premio de Diseño Escénico Rubén Vigón 2020, Ubú sin cuernos hubiera sido un candidato de sólita fortaleza.

No podemos pasar por alto esas dos puestas. La excepción y la regla por la fidelidad a lo brechtiano, con que el montaje ha sido concebido; y Ubú sin cuernos por lo perceptual de su enunciación escénica, como por lo enfático en las sensaciones, percepciones y atenciones visuales.

No sería descabellado que tuvieran lugar, como cada enero, las jornadas Villanueva este 2021 para celebrar el Día del Teatro Cubano. Incluso podrán tener estas jornadas la particularidad de contar con las mejores ciberescenas, como modalidad de la teatralidad y la danzalidad, donde no disminuyen estas; sino que aumenta la ilusión y la autonomía de la imagen, y el particular espesor de signos de lo teatral adquiere una objetivación nueva. 

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