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Princesa de las aguas y el paisaje

Yunque de Baracoa desde Playa Yumuri

Baracoa, territorio mítico, lleno de tradiciones, historias y leyendas que se alimentan día a día a lo largo del tiempo y que recibe al visitante con la majestad del Yunque, esa montaña cuadrada que parece isla, al decir del Almirante Cristóbal Colón fue fundada por el Adelantado Diego Velázquez el 15 de agosto de 1511.

La Ciudad Primada de Cuba, o la Primera en el Tiempo como reza su escudo, es un espacio físico de incomparable belleza natural que exhibe su carácter patrimonial desde las fortificaciones, sean el Fuerte Matachín, el de La Punta o el Castillo del Seboruco, junto a un amplísimo muestrario de personajes y personalidades.

Más allá del patrimonio natural y construido, Baracoa es un importante reservorio de patrimonio inmaterial. Leyendas, personajes populares, música, cocina, conforman un amplio, variado y particular caleidoscopio que la han recorrido a lo largo de su historia y han llegado hasta hoy para incentivar el halo mítico que la envuelve.

La Luz de Yara; el Pelú, Mima La Rusa o Enriqueta Faber; el kiribá y el nengón, el uso de le leche de coco y las innumerables variantes de recetas con él; la riqueza histórica que posee: el desembarco por Duaba, la figura de José Maceo y de otros patriotas locales, resultan sólo una breve muestra que refuerzan el calificativo de inigualable.

Entre los numerosos personajes que hacen de Baracoa un lugar de singulares atractivos, hay dos que se destacan por sus míticas historias. Una es «la Rusa»: Magdalena Menasses Rovenskaya, rusa blanca emigrada durante la Revolución de Octubre y radicada en Baracoa desde la década de 1930.

Definida como «una cosa parada entre el sueño y la vida», la existencia de Mima marcó la vida de la primada de las ciudades cubanas, y quedó inmortalizada en el personaje de Vera en la novela La Consagración de la Primavera de Alejo Carpentier. Así su apasionante historia ha trascendido el tiempo y el espacio.

El otro personaje de muy singular historia es Enriqueta Favez, la primera mujer que ejerció la medicina en Cuba, travestida en la personalidad de un hombre por los prejuicios epocales y que radicada en Baracoa desde 1818, también realizó otras acciones de importancia social.

Esta controvertida figura histórica ha sido reivindicada por el arte. Inicialmente mediante la investigación Por andar vestida de hombre, de Julio César González Pagés, recorrido biográfico de Enriqueta Favez. Luego la escultura de José Villa Soberón, hoy en la Alameda de Paula en La Habana, en la que desde la visualidad se ofrece la ambigua y trasgresora expresión de la médica suiza.

Finalmente está  Insumisas, el filme de Fernando Pérez y Laura Cazador, que trae a nuestros días esta olvidada y muchas veces no bien considerada figura de nuestra historia, por su carácter trasgresor, también lleno de fuerza, pasión  y determinación.

Como estos singulares personajes, Baracoa ha sido sujeto no solo de escritores y pintores, también de otros artistas visuales como fotógrafos y de múltiples cineastas que descubrieron bien temprano en el tiempo las maravillas y atractivos de pasajes, paisajes, leyendas y tradiciones y que entre documentales y obras de ficción llegan a la treintena de obras audiovisuales

Además de la ya mencionada Insumisas, baste mencionar un clásico de la documentalística cubana como es Ociel del Toa, de Guillén Landrián, o Retornar a Baracoa del mismo realizador; Madera, de Daniel Díaz Torres; y el largometraje de ficción En el aire, de Pastor Vega, por solo mencionar algunos en una lista que se haría interminable, sin contar los realizados por cineastas extranjeros.

Hoy se mantienen las palabras de elogio del Almirante Cristóbal Colón: «La más hermosa cosa del mundo… que le parecía que no quería salir de allí». Y glosando a la escritora Carmen Serrano, que el amor y la nobleza de tus hijos, te mantengan en todo su esplendor.

*El autor es escritor, ensayista y crítico de arte.


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