Más allá del tema genérico, y a partir de una especificidad crítica más carnal: desde una mirada antropológica, la mujer negra destaca como icono a lo largo de la historia del cine en Cuba.
Este registro pasa tanto por filmes bien longevos como por la cinematografía realizada después de 1959, que reflejan la estructura social de dominación que subyace de forma subliminal a través de hechos culturales, conductas o aspectos psicológicos.
Mientras que el hombre pudo ser negro en las tablas o el cine, la mujer tuvo que suavizar su pigmentación a matices culturalmente tolerables, tanto por lo que refleja, como por lo que dice en forma directa e indirecta; y mediante el hacedor de esa imagen, sus posicionamientos teóricos, criterios y hasta impulsos subjetivos: el director del propio filme.
Existe, por tanto, una correspondencia entre el significado de cada imagen que se logra o participa en las secuencias, y sirven de hilo conductor al relatar una historia determinada, y lo que artísticamente siente y expresa el realizador.
Es una relación de significados y significantes donde no sólo está lo que manifiesta, sino cómo lo hace, y por qué lo hace.
Ahí está la respuesta a esa cultura de dominación. En tal sentido, podríamos preguntarnos, ¿cómo ha sido construida esta relación entre imagen y creador a lo largo de la historia del cine cubano?
Pero más específicamente, ¿cuáles han sido los criterios establecidos para desarrollar esa construcción que dan pie a la visualidad de la mujer negra dentro del cine en Cuba?
Sólo respondiendo a estas interrogantes estaríamos en condiciones de evaluar el peso que ha tenido esta relación, pocas veces pensada; y proyectarla en un fondo que permita integrar datos inconexos y reflexiones teóricas.
Son estas resoluciones las que se vuelcan sobre las distancias a recorrer entre un producto final y el proceso de construcción.
Imágenes y significados
Los cubanos conocen que, por diversas razones, la producción fílmica anterior a 1959 se conserva a niveles muy bajos.
Dada las circunstancias, resulta una tarea casi imposible el hacer un análisis mayor de esa época; o sea, tomar ese tiempo como punto concluyente. Por tal razón, tampoco es posible construir un marco teórico absoluto, sólo avanzar algunos pasos.
Así encontraremos que, en películas de aquel entonces, no fue ninguna negra; sino una mestiza, quien mostró su rostro en el celuloide de la Isla: la mulata (bastante clara) Rita Montaner.
Después del triunfo de la Revolución, y con la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), el rostro femenino de las negras o mestizas aparecería con fisionomías diferentes en las nuevas producciones.
A partir de entonces ya no serían objeto de placer, ni criadas o sombras; son la rebelión y se suman a las filas de los marginados; pero con voz distinta, enérgica, más humana y por ende, más real.
La respuesta será enviada a su correo electrónico y publicada en éste espacio.