Si bien, el disco Pianos resulta ser un verdadero asombro de placer para la escucha, tanto por los valores de su música como por la selección de sus ejecutantes: catorce estudiantes o egresados de los estudios del instrumento en Cuba; el compacto es también una posibilidad para reconocer tan abundante hoja entregada por Beatriz Corona.
Ese valor lo considera la profesora María de los Ángeles Horta, en sus notas discográficas, al definir desde el comienzo esta obra de la compositora como «sincera, sin artificios ni falsas pretensiones».
Luego, a partir de esa primera consideración, pondera las piezas, desde los planos sensoriales y formales; así como por las posibilidades de sus inclusiones en los planes de estudio del instrumento desde el segundo año, a consideración de los profesores.
Para bien, la profesora del Instituto Superior de Arte (que también entregó su arte interpretativo en el disco) desentraña esas posibilidades al detalle, reconociendo cuáles obras y por qué deben incluirse en un nivel u otro.
Así, por ejemplo, significa que las seis partes de la Suite para Infantes son «bien contrastadas entre ellas en cuanto a carácter, tonalidad y agógica; además de ser sugerentes, frescas, transparentes y orgánicas; abordan ritmos cubanos como la habanera, la canción trovadoresca y la guajira, y recomienda que se trabaje en el tercer año de piano».
Mas, al abundar y repasar cada espacio del compacto, María de los Ángeles Horta dedica la mayor parte de sus notas discográficas a los diez preludios, a los cuales califica de «poemas con gran profundidad estética».
Con ellos, señala la profesora, es posible explotar todos los recursos expresivos del piano, reconociendo que el legatto y el cantábile cobran protagonismo con las sextas, terceras y la secuencia de arpegios situados en la mano izquierda, así como la utilización del pedal en función del color y la imagen.
Califica entonces los diez preludios como una propuesta novedosa, recomendándolos para los estudiantes a partir del sexto año, «de acuerdo a su capacidad»; sugiriendo asimismo que los niveles medio y superior, puedan tocarlo como ciclo, quedando así para su repertorio de futuros profesionales, al decir también de la profesora María de los Ángeles Horta.
En sus palabras, la obra de Beatriz Corona «es un aporte indiscutible a la pianística cubana», reafirmándolo al distinguir el criterio de los alumnos que trabajaron las piezas, a través de una palabra que sintetizara la música en cuestión, y coincidieron en describirla como «cubana y bella».
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