En la familia de los instrumentos de viento hay uno, no tan conocido, pero de gran relevancia en la masa sonora orquestal: el fagot. Se caracteriza por emitir sonidos graves y su color ha resultado interesante para múltiples compositores a lo largo de la historia musical. Su importancia en las franjas tímbricas de diversos formatos musicales se ratifica en cada época.
Le antecedieron los pommer y el bajón (dulcian), hasta que en el siglo XVII se creó el fagot barroco, el primero de su tipo conformado por secciones de diferentes longitudes. Carl Almenrader y Johann Adam Heckel desarrollaron el fagot clásico con mejoras notables en la calidad del sonido y la afinación que, para sorpresa de muchos, varios documentos lo describen con una dimensión de hasta 1.56 metros.
Según algunas publicaciones las primeras obras escritas para fagot solo, datan de la primera mitad del siglo XVII. A partir de entonces, músicos como Désiré-Hippolyte Dihau, Barón von Duernitz, Étienne Ozi y Maurice Allard, se especializaron en su interpretación.
Paolo Girolamo Besozzi (1712-1778), Johann Christian Bach (1735-1782), Francois Devienne (1759-1803) y Carl Maria von Weber (1786-1826), legaron importantes partituras para este instrumento.
En la actualidad sobresalen los fagotistas Klaus Thunemann, integrante de la Orquesta Sinfónica de la Radio del Norte de Alemania (NDR); Milan Turkovic, miembro del ensemble Wien-Berlin; y Sergio Azzolini, reconocido profesor de la Hochschule de Stuttgart y el Conservatorio de Basilea.
El interés, llevó a CMBF Radio Musical Nacional al diálogo con la joven fagotista Lázara Beatriz Santana Álvarez, recién egresada de la Universidad de las Artes (ISA) que actualmente cursa un Máster en Interpretación Musical en la Georgia State University School of Music.
Su repaso por la contemporaneidad del instrumento en Cuba incluye en primer lugar a su profesor: Abraham Castillo Moreno, de sobresaliente carrera como solista y participaciones en concursos internacionales.
«Sobresale su período junto al Conjunto de Música Antigua Ars Longa, en diferentes formatos de cámara y en la Orquesta del Lyceum Mozartiano de La Habana. Tuve la gran oportunidad de compartir escenario con él», recuerda.
También está Reynold Cárdenas, matancero, a quien conocí en una clase magistral en el ISA. Siempre escuché sobre él. Gracias a su talento y perseverancia se convirtió en el primer fagot de la Orquesta de Extremadura en España. Ha compartido escenario con fagotistas reconocidos a nivel mundial, entre ellos, uno de mis referentes: Sergio Azzolini.
Alina Blanco es una de las pocas intérpretes femeninas integrante de la cátedra del fagot en Cuba. Su trayectoria más notable está en la docencia, pero destaca también su participación en el estreno de importantes obras, sobre todo en el campo de la música de cámara con el Quinteto Ventus Habana. Alina ha tenido un gran desempeño en la Orquesta del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.
Siempre he escuchado hablar de Juan Vega, guantanamero, a quien no conozco pues vive en el extranjero. Tengo referencias de él, por su etapa de estudiante en el ISA en la década de 1990. Casi todos tienen ese desarrollo bilateral entre la interpretación y la pedagogía.
En mi criterio, uno de los maestros más relevantes de la didáctica del fagot en Cuba es Julián Corrales, el primer profesor del instrumento en La Habana.
Héctor Manresa consolidó el programa de fagot en Cuba y Alina Blanco actualmente se ocupa de la actualización de los métodos de estudio. Ellos han tenido un gran desempeño, y un rol determinante en décadas de formación de múltiples intérpretes del fagot.
A muchos de lo jóvenes graduados se les menciona poco, y tristemente apenas se puede escuchar su música pues un porciento notable de los graduados de fagot no se desempeñan en su especialidad.
Lázara Beatriz Santana, compartió una de sus experiencias al interpretar el Concierto para fagot y orquesta de Gioachino Rossini, ese momento en el que pudo combinar «el estilo clásico, con el Romaticismo, los contrastes de la ópera y la complejidad técnica. La obra es una completa joya, realmente nunca olvidaré esa ocasión».
Ese paso en su carrera fue todo un reto, a lo que agregó que «para los intérpretes la complejidad de una obra varía según nuestro temperamento, a mí me es difícil tocar el clasicismo por mi personalidad. Prefiero el barroco y las obras contemporáneas», signficó.
Una de las polémicas sobre el fagot es su inexistencia en el ámbito de la música popular cubana, las márgenes de la música clásica son la zona de confort de este instrumento de viento.
Sobre ello, dice que ha hablado con colegas y maestros, y considera que «es una cuestión de interés».
Algunos consideran que las limitaciones son materiales: la falta de cañas o del propio fagot. Pero creo que es porque todos no tienen las mismas motivaciones ni las habilidades para desenvolverse en diversos campos musicales. Creo que si el fagot se inserta en formatos populares, se pudieran redimensionar sus timbres.
Mi instrumento tiene posibilidades técnicas espectaculares, con un registro casi tan amplio como el clarinete. Si no se emplea en la música popular y se limita su accionar, es por la visión de muchos intérpretes jóvenes y lo obsoleto de algunos argumentos.
Es responsabilidad de las nuevas generaciones transitar por terrenos no explorados anteriormente; para interpretar con una visión renovada. Espero que algún día eso pueda suceder.
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