«De todas las bellas artes, la música es la que ejerce mayor influencia sobre las emociones, y es esta influencia la que el legislador debe fomentar más sinceramente. Una pieza de música moral, de la mano de un maestro, no puede fallar en conmover el corazón y tiene mucha más influencia que una buena obra moral escrita, que conmueve a la mente, pero no tiene efecto en nuestro comportamiento».
Así se expresaba Napoleón en un documento fechado en 1791. Y es que de todas las artes, la música y muy especialmente la ópera, ejercían una suerte de embrujo emocional en él.
Personas allegadas al Emperador apuntan que su voz era áspera y su afinación ambigua y en ocasiones resultaba imposible descubrir las piezas que entonaba, pero su escaso talento interpretativo no evitaba que ocasionalmente cantara fragmentos de melodías que lo habían impresionado.
Un miembro de su servidumbre aseguró que «generalmente por la mañana estos recuerdos le llegaban, mientras lo vestía. El tema que oí más frecuente que asesinara mis oídos era La Marsellesa».
Por su parte, el barón Claude François de Méneval, secretario privado de Napoleón, escribió: «cuando empezaba a cansarse de leer poesía, se ponía cantar a un volumen fuerte pero desafinado. Si nada lo molestaba,… la elección serían las arias de Devin du village (ópera de J. J. Rousseau) y cuando estaba más serio, cantaba versos de himnos revolucionarios. No obstante, el Già il sol de la ópera Nina, de Giovanni Paisiello, era su aria favorita».
Y es aquel era su compositor predilecto, quien por su parte retribuyó su privilegio componiendo la Misa y el Te Deum para su coronación, numerosas obras sacras para sus capillas y la de su hermano José y enviándole cada año una pieza religiosa con motivo de su cumpleaños.
A pesar de su escaso talento para cantar, Napoleón era buen conocedor de la estructura y la historia de la música y muchos lo catalogan como un crítico enfático, riguroso y exigente, llegando incluso a manifestar que la música francesa era casi tan mala como la inglesa y que los italianos eran los únicos capaces de producir óperas.
Esta pasión trajo resultados importantes a la música francesa, ya que además de invitar a grandes intérpretes del momento a cantar en Francia como los castrati Luigi Moreschi y Girolamo Crescentini y las sopranos Angelica Catalani y Giuseppina Grassini, también implantó leyes administrativas dentro de la ópera francesa que contribuyeron a elevar el nivel musical de este territorio.
Por otro lado, la música no quedó al margen de la figura de Napoleón y sus hazañas y también sus descréditos, inspiraron a músicos de épocas, tendencias y países diversos.
La misa Nelson de Joseph Haydn fue originalmente llamada Misa en tiempos de angustia y refleja el terror del pueblo austriaco ante la marcha victoriosa de Napoleón por Europa. Pero mientras Haydn concluía esta composición y se efectuaba su estreno el 15 de septiembre de 1798, llegaron noticias de la derrota de Napoleón ante Nelson en la Batalla del Nilo, y la obra adquirió otro sobrenombre con cual trascendió.
Héctor Berlioz compuso en 1835 Le cinq de mai Op. 6 (Cantos sobre la muerte del emperador Napoleón) y Gabriel Faure dio a conocer en 1921 su Chant funeraire por el centenario mortuorio del Emperador.
A las anteriores, se suman la Obertura 1812 que Pior Ilich Tchaikovski escribió en 1880 para celebrar la victoria rusa sobre la fallida invasión napoleónica, la música incidental para el filme Napoleón de 1927 compuesta por Erick Honegger y la Oda a Napoléon Op. 41 que Arnodl Schoenberg creó en 1942.
Pero no cabe duda que quien más se vio atraído por la figura del célebre francés, fue Ludwig van Beethoven quien compuso su Sinfonía No. 3 «Heroica» en 1803 inicialmente dedicada a Napoleón.
Los ideales revolucionarios de la Ilustración que defendían la igualdad, la libertad y la fraternidad, lo sedujeron marcadamente; pero al año siguiente, cuando el francés se declaró Emperador, su figura se desmoronó ante Beethoven que, además de borrar la dedicatoria, comenzó a hablar de Napoleón en pasado como si se tratara de un difunto.
Años más tarde, en 1814, Beethoven compuso la cantata El momento glorioso ovacionando el restablecimiento de las fronteras europeas por parte de líderes y monarcas reunidos en Viena. Al año siguiente, con la batalla de Waterloo, Napoleón fue derrotado por la Séptima Coalición, hecho que marcó el fin del I Imperio Francés y provocó su exilio forzoso a la Isla Santa Elena.
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