Una década que no creó ninguna silueta nueva fue la de los años setenta, resultando para el mundo del arte del vestir, los de «una forma sin norma».
Los préstamos de épocas pasadas o de otras culturas pusieron de manifiesto que se vivía un momento de transición, también para la moda, que continuó desarrollando las tendencias de los años sesenta. En cierto sentido puede decirse que la moda se relajó, influida por la ropa destinada al tiempo libre, pues la etiqueta en el vestir desapareció casi por completo.
Lo importante que resultaba el aspecto descuidado se demuestra en el hecho de que la moda de noche prácticamente no se diferenciaba de la ropa de diario. Un ejemplo de ello es el vestido de noche (de algodón estampado rojo y blanco), con bolero o chaquetilla corta que termina más arriba de la cintura de la misma tela, creado por Givenchy en 1972, que puso de manifiesto una vez más la elegancia y exquisitez que lo caracterizaron y mostró la nueva longitud de la prenda: la midi, que resultaba la medida intermedia entre la mini y la maxi.
Además del vestido midi, las faldas (junto a las blusas, estrechas o anchas al estilo romántico) se convirtieron en el atuendo más corriente, también con aquella medida de la nueva longitud, que no se impuso fácilmente.
Las faldas preferidas eran las que presentaban motivos florales o las realizadas por la ya vista técnica del patchwork que, combinadas con una blusa romántica, un mantón y una melena lisa, formaban el look característico de la tendencia nostálgica que signaron a los setenta.
En esos años, el traje pantalón para la mujer fue aceptado definitivamente, aunque Yves Saint Laurent volvería a romper esquemas al proponer el esmoquin femenino, sin el que hoy sería imposible concebir ninguna de las colecciones de esta prestigiosa casa de modas. Para los hombres, el traje sufrió significativas modificaciones: doble botonadura al estilo romano, la longitud de la chaqueta más alargada, la solapa más ancha y su confección con los cuadros llamativos de sus telas.
Mientras, en la década de 1970 se impusieron también los minishorts, en contraposición a los shorts burgueses, para ser utilizados por todas las capas sociales y juveniles y no solo en su restricción a la etapa veraniega.
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