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Memorias del pentagrama para la danza

Escena de Tula por el Ballet Nacional de Cuba, coreografía de Alicia Alonso y música de Juan Piñera. Foto: Cubadebate

La música es hermana gemela de la danza. Desde los albores de la humanidad viven en el ritmo y la armonía mientras son prodigas de una relación de convivencia eterna.

Luego, la situación ideal para una obra coreográfica es la de que su música sea compuesta especialmente, según las necesidades del coreógrafo, escribió el maestro cubano Ramiro Guerra, Premio Nacional de Danza en 1999.

En ese camino se expresa una de las zonas creadoras del profesor, compositor e instrumentista Juan Piñera.

Con más de treinta años de registros musicales destinados a ese arte en país, para Piñera hacer algo que puedan bailar en un escenario es un placer, una diversión, una conspiración.

Tal yuxtaposición de calificativos parte de sus necesidades creadoras, más que del hacer a cuenta de una idea coreográfica preconcebida. 

Me he visto en la necesidad de musicalizar un ballet, cuando la coreografía está hecha, en silencio, mientras observo como se mueven  los bailadores o los bailarines. También se ha dado el caso, opuesto y no menos satisfactorio, de que escojan mi música para una coreografía, recuerda

Asimismo comenta que en cualquier ejemplo, trabajar para la danza resulta ser una experiencia gratificante.

LA RECETA DEL DISFRUTE

Piñera vive con orgullo sus recuerdos de cuando trabajó en el  Teatro Martí de La Habana,  ayudando a montar coreografías y colaborando cuando bailaban Candita Quintana o  Carlos Pons.

Sin embargo, al rememorar, opta por subrayar que su trabajo no se detiene en el tiempo.

Prefiero el disfrute por haberlo hecho, enfatiza.

¿Cuál ha sido su método al componer para la danza?

Yo aprendí de los actores el transformarse y convertirse en el personaje. Así, un humano maravilloso puede representar a Hitler, o ser un tipo desdeñable y personificar a la madre Teresa de Calcuta.

Yo me creo el personaje y bailo, y sueño, me transformo y no pienso más. Soy eso en ese instante, me meto en el personaje, el libreto, los pasos.

¿Cómo explica esa expresión conspirativa cuando la música es por encargo?

Te voy a develar un secreto. Y eso es como dar una receta a medias para que averigüen cuál es la pizquita de sal que hace falta.

Yo como compositor, como artista, soy una página en blanco: las páginas en blanco no dicen nada; pero se pueden escribir completamente. Yo no me impongo, y más que página en blanco, soy una página transparente; que se va tornar blanca y va a decir algo.

Eso es todo. Ahora falta la pizquita de sal.

LECCIONES CREADORAS

En ese devenir de experiencias, Juan Piñera tiene por suerte la colaboración  que Alicia Alonso le solicitara para las puestas de Juana, razón y amor, Tula, además de Shakespeare y sus máscaras o Romeo y Julieta.

¿Qué  recuerda de esos momentos?

Trabajar con ella fue un reto, siendo una de las figuras más grandes de la danza de todos los tiempos, así que recuerdo cada momento como una clase magistral que me dio, una lección que yo recibí, un aprendizaje y un crecerme.

Alicia es una persona muy exigente, porque sueña lo que en verdad es. Se puede negar como todo gran artista, para crecer; pero las cosas se tienen que soñar, con la capacidad que planteaba Jorge Luis Borges, de confundir las zonas de la realidad, con eso que llamamos sueño.

Trabajar con ella en Tula, por ejemplo, fue además un estímulo impresionante; porque me pedía más y yo le hacía contrapropuestas. Fue enormemente gratificante.

En Shakespeare y sus máscaras apreciamos un trabajo diferente, al concebir la música para el ballet a partir del original de Charles Gounod para la ópera Romeo y Julieta.

Se ha dicho que la música es uno de los elementos más novedosos de la puesta, ya que por primera vez se utiliza en la danza la partitura del célebre compositor francés.

¿Qué motivó la adaptación orquestal?

Yo hice un primer acto, con música original de unos cuarente minutos, cuando aún no tenía ese título; y fue aceptado por Alicia Alonso.

Pero ella, como todo creador, es mutante.

Un día escuchó la música de Gounod y le gustó, y me propuso que hiciera el arreglo orquestal. Tragué en seco porque yo di por concluida la música, aunque hubiera pasajes por mejorar, pero acepté su nueva propuesta para concluirla en un mes.

Para eso trabajaba largas horas y más horas. Sólo hablaba con Alicia, comía lo imprescindible, con la partitura delante, y me adscribí a un sistema de señales para atender a las personas necesarias: sólo estaba para Shakespeare.

Entonces me di a la tarea de transcribir de discos cuanto no estaba en la partitura, versioné, compuse algunos fragmentos al estilo de Gounod, y entregué el arreglo orquestal a los 29 días, para sorpresa de todo el mundo.

Siendo compositor de amplios registros ¿cuáles son sus satisfacciones al crear para la danza?

Trabajar y ser tenido en cuenta no sólo por Alicia Alonso, sino también por el Ballet de la Televisión Cubana, con niños o grupos de aficionados, para Danza Contemporánea de Cuba, el Conjunto Folclórico Nacional, con Danza del Caribe, el Ballet de Camagüey, Rosario Cárdenas, Isabel Bustos, Marianela Boán, Iraida Malberti, tantos nombres y compañías que ahora se me olvidan.

Pero hablar de uno mismo es no trabajar.

En mi caso, prefiero que me dejen trabajar. Es lo que quiero, que me dejen trabajar.

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