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Mateo Torriente, René de la Nuez, y el boceto artístico

Del pintor Mateo E. Torriente Bécquer (1910-1966), existen datos concretos sobre sus aportaciones a partir del boceto, que reseña Antonio Rodríguez Morey en su Diccionario de Artistas Plásticos de Cuba al dar cuenta del viaje que aquel realizó al extranjero para cursar estudios, recién graduado en la Academia de Bellas Artes San Alejandro en el curso 1936-37.

Catalogado como alumno distinguido por sus profesores, había recibido una Bolsa de Viaje (o lo que es lo mismo: una beca), «antes de embarcar realizó una exposición en los Salones de la Casa Borbolla (en La Habana Vieja), donde expone obras como retratos, desnudos, relieves, bocetos, etc., que fueron grandemente celebrados por el público que concurrió a la inauguración, habiendo hecho la presentación del artista, el notable pintor y literato Armando Maribona que tuvo frases de grandes elogios para su presentado», puede leerse en el citado volumen.

Se sabe que el dibujo es la base fundamental para el boceto  (a través de los  elementales recorridos de sus líneas), por lo que, a los practicantes genuinos de esta expresión como tal, le es muy socorrida la utilización de aquel en un primer intento para llegar allí mismo, en el mismísimo papel o cartulina, a la obra conclusiva.

Uno de estos casos es nuestro Premio Nacional de Artes Plásticas 2007: René de la Nuez (1937-2015).

«Del inicial trazo fino de plumilla ha ido Nuez a una gestualidad imperante, golpes de pincel, subrayados raudos, la caracterización de los personajes vinculada al conjunto, como en dependencia de un entorno que los implica sin posibles apelaciones (…)», describe Reynaldo González en René de la Nuez: ver para descreer.

El autor de personajes tan significativos para el humorismo gráfico cubano como El Loquito, el Barbudo, Mogollón y Don Cizaño, entre otros, y quien ha considerado que «la historia, en definitiva se escribe y dibuja día a día, se hace día a día», según dijo a Isabel Ma. Pérez y Deborah de la Paz en la entrevista René de la Nuez: el humor en la 'batalla' diaria, que publicó la revista Artecubano en 2009,  me confesó cierta vez que él también hacia muchos bocetos: «a veces uno no tiene conciencia exacta del valor que puede alcanzar en el futuro lo que hace», dijo.

Una anécdota, registrada en aquella entrevista realizada a René de la Nuez, nos podría servir de prueba (o de una muy acertada especulación) del uso de un posible boceto.

El artista se refiere a una obra que iba a utilizar en su segunda muestra personal en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana en el año 2008: La pícara Habana, (que refrendaba al otorgamiento del Premio Nacional de Artes Plásticas de 2007), y no se pudo realizar.

«Se trata de un túnel, un poco como el Túnel de La Habana, por supuesto, con menores dimensiones, de tres metros, y la gente podría penetrarlo y recorrerlo. Estaría cubierto totalmente en su interior por espejos, el espectador podría verse infinitamente. Iba, además, a dibujar en los espejos a los personajes de estos 'cuadros' de La Habana, y el visitante se mezcla dentro de esas escenas».

Entonces, ¿cómo pudo contar de este túnel a las entrevistadoras? ¿Acudió solo a lo que su memoria recordaba o lo hizo sobre la base de un existente boceto que reflejaba todos esos pormenores? Las  reflexiones y las dudas, una vez más, presentes.

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