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Más allá de la narración noticiosa para el cine

Santiago Álvarez. Foto: Internet

Dada la avalancha de sucesos que tenían por escenario tanto en Cuba como en el resto del mundo, el Noticiero ICAIC Latinoamericano ofrecía la posibilidad (como en tiempos anteriores) de realizar una edición semanal con un promedio de diez minutos en pantalla, excepto aquellos números extras que podían alcanzar hasta veinte minutos, y de estos, se editaban un promedio de hasta cinco al año.

Como aún era difícil cubrir todas las pantallas, en principio, la distribución se hacía con catorce copias, después llegó hasta 48 distribuidas en los más de 500 cines en todo el país.  Esta extenuante tarea no estuvo exenta de algunos errores propios, pero se fueron eliminando por el camino y en breve tiempo. Estos noticieros se concibieron de manera tal que se trataba de que no perdieran su vigencia, por lo menos, en un plazo no mayor de veinte semanas.

La tarea no fue fácil. Por eso, Santiago Álvarez, bajo la dirección primero de Alfredo Guevara, tuvo que arreglárselas junto con su inicial y pequeño grupo técnico, para que la noticia que se ofrecía mantuviera el mismo interés al año de editada. Por tanto, cientos son los noticieros que, gracias a esta estructura, contienen noticias que no envejecen; en tanto, desde las primeras ediciones, se le fueron incorporando nuevos elementos que pudieron dar paso a documentales.

Así, por ejemplo, los números 8 y 11 constituyen un claro ejemplo al quebrar las formas tradicionales del género con la utilización de imágenes de archivo y las notas humorísticas. Estos, resultaron un antecedente de lo que posteriormente sucedió con el Número 47, dando lugar al documental Muerte al invasor (1961) de Tomás Gutiérrez Alea y Santiago Álvarez.

Durante el periodo de ofensiva política revolucionaria de la década del 60, fundamentalmente  en los dos últimos años, de 59 noticieros editados, 35 son monotemáticas; lo que permitía profundizar en una noticia específica. Tal caso es la emisión correspondiente a la muerte del gran músico Benny Moré en 1963, que dio lugar a un documental, en el cual por primera vez se utiliza la música popular en un velorio y entierro.

Recordemos que el noticiero monotemático es casi un documental , por cuanto se apropia de la dramaturgia de este, originada a la vez en el noticiero. Cuando un noticiero deja de estar subdivido en varias noticias y se produce una información más estructurada y profunda, éste se convierte en monotemático, y al ser así, refleja una de las características del cine documental.

El interés de que, las noticias sean el posible punto de partida en el tema de hacer documentales propició que los noticieros Números 290, 369, 382 y 393, respectivamente propiciaran Año 7, Abril de Girón, Golpeando en la selva, Hasta la victoria siempre y La hora de los hornos; por sólo citar algunos ejemplos.

Los noticieros adquieren del documental múltiples facetas, como la impronta en el uso de la cámara y la síntesis de la unidad expresiva de toda la información; mientras la utilización de símbolos, facilita ese poder llegar a ser tanto denotativo como connotativo. Para muchos críticos éstos son «el arte de editar imágenes bajo la presión de sentimientos de ideas».

En el transcurso, con la edición Número 104, llegó a incorporarse un nuevo aspecto con la aparición del nombre de Santiago Álvarez como director: la utilización del sonido directo, lo cual favorece indudablemente, la limpieza del lenguaje verbal.

La música fue un elemento tratado con inteligencia y belleza por cuenta de compositores e intérpretes que en algún momento participaron de sus nóminas, hasta la ardua selección y atino de Idalberto Gálvez, en la cual la fusión con el trabajo de sonido cobró un elevado nivel de profesionalidad; gracias al trabajo de figuras como Jerónimo Labrada, Germinal y Marcos entre otros.

Varios nombres formaron el equipo de los primeros años de la década del 60, primero, un reducido grupo formó parte de la nómina inicial, apoyado por un número mayor de otros compañeros como colaboradores, en el que muchos lo hicieron por largos años; de ahí que el nivel obtenido en los treinta años de existencia del Noticiero ICAIC Latinoamericano responde al amor entregado por cerca de doscientas personas que trabajaron de una forma u otra, siempre dentro de la convivencia espiritual de ser una gran familia.

La estirpe de estas primeras personas que representó esta escuela fueron: Idelfonso Ramos, Humberto García-Espinosa, Jorge Fraga, Urbano Gutiérrez, Humberto Varela, Roberto león, Leonardo Zayas, Amaro Gómez,  Luis García, José López, Diosdado Yánez, Raúl Parra, Rubén Vitón, Manuel Frómeta, Humberto López, Néstor Pino, Rolando Díaz, Arturo Agramonte, Jorge Herrera, Jorge Haydú, José Tabío, Iván Nápoles, Pablo Martínez, Dervys Pastor, Rodolfo García, Luis Costales, Raúl Pérez Ureta, Raúl Rodríguez, Julio Simoneau, Jerónimo Labrada, Jorge Pucheaux, Pepín Rodríguez, Tuto (Restituto Fernández Lasa), Rosalía Saavedra, Miriam Talavera, Norma Torrado, Julia Yip, Idalberto Gálvez, Luis Marzoa, y otros más que forman parte de esta hermosa experiencia.

Hace más de un siglo, la curiosidad promovió el nacimiento de reportajes, cortos o documentales, que mostrasen tanto construcciones manipuladas de una realidad como la verdad misma. Sólo así, el ser humano convertido en homo visual, salido de las cotidianas tertulias familiares o de los teatros fue trasladándose a los nuevos locales que a través de la imperante oscuridad dejaba sentir la magia de un nuevo arte.

La historia cinematográfica de varios países lo testimonia. Emero, hace falta un sentido más agudo para no dejar en el olvido el motivo propulsor del noticiero, el empeño de no sólo hacer llegar la noticia a la mayor brevedad, sino (del mismo modo) con la mayor belleza.

En el actual siglo, el de la informática, a pesar de la televisión por cable o de las bondades de Internet, el noticiero puede constituir todavía un sistema de noticias con lenguaje y estética propios que trasmitan el espíritu humano: ese que es menos frío, y del cual carece la época de la fibra óptica y demás adelantos técnicos que, para algunos, parecen anunciar indiscutiblemente el progreso; pero que, en otros aspectos, anuncia más la involución del ser humano atrapado en su propia madeja cultural.







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