0

Los tres grandes del Muralismo Mexicano y posibles sus bocetos

Rivera, Orozco y Siqueiros. Foto: Internet

En sus distintas maneras de contar los hechos artísticos, la historia, también se ha encargado de ocultar o soslayar algunos elementos de ellos, y el boceto ha sido (en esos casos) una de sus principales víctimas, uno de esos factores al que no se le ha brindado la necesaria importancia.

Cierto incidente resultaría un ejemplo de eso de no contar bien, para pasar a las escrituras con las imperdonables exclusiones. 

En 1933, Nelson Rockefeller realizó a Pablo Picasso, Henri Matisse y Diego Rivera el encargo del mural El hombre en el cruce de caminos para el vestíbulo del edificio RCA, en la 5th. Avenida de Nueva York, negándose todos a su ejecución debido a las restricciones que se solicitaban: «debía ser monocromático y decorativo».

El mexicano aceptó, siempre y cuando pudiera «utilizar el color y hacer una narración». Y a pesar de que explicó sus ideas y puntos de vista políticos a N. Rockefeller, este le pidió modificarlo después de aceptarlo, por lo que D. Rivera se negó a modificarlo y el mural fue destruido .

En 1934, el artista regresó a su país y pintó el mismo mural en el tercer piso del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, según refiere el citado libro biográfico.

En ninguna de estas citas se menciona la existencia de un boceto para el mural en cuestión. Entonces, ¿cómo Rivera le explicó a Rockefeller esas ideas sin un boceto de constancia?
¿Pidió Rockefeller modificar el mural solo con lo que Rivera le pudo exponer verbalmente?

¿Cómo pudo Rivera realizar el mural (tal y como lo concibió originalmente) un año más tarde en México, sino con el patrón de un boceto?

Evidentemente, esta biografía ocultó el uso de un esbozo preliminar (un boceto propiamente dicho) de suma importancia para el arte latinoamericano y universal, aunque tengamos a la vista el conflictivo mural para los multimillonarios capitalistas norteamericanos de la familia Rockefeller.

Sin embargo, muchas bibliografías, medios digitales e, incluso, autobiografías de los otros dos grandes del muralismo mexicano, sí dan crédito a la presencia del boceto en tal expresión artística dentro de sus respectivas trayectorias.

De Juan Clemente Orozco, por ejemplo, se apunta en su autobiografía que «al terminar los grandiosos frescos del Hospicio Cabañas (en Guadalajara, realizados entre 1937 y 1939), Orozco se instaló en Ciudad México donde abrió una exposición con los dibujos de bocetos de sus pinturas murales».

Y de David Alfaro Siqueiros, se relata lo siguiente: «Una de las formas en las que David Alfaro Siqueiros creaba movimiento era pintando con diversas líneas, a modo de un boceto. Normalmente, estos trazos son negros y gruesos».

Deje un comentario

innocead_captcha.captcha.alt