Grandes obras musicales ilustran la impronta y significación histórica de Napoleón Bonaparte, sus aciertos y errores, mediadas por sentimientos, pensamientos y reacciones diversas, ante sus hazañas o atrocidades.
Por tanto, puede comprenderse que la percepción de cada autor es diferente, por implicaciones de todo tipo; aunque el factor común de sus creaciones fuera el mismo: la personalidad del militar y su connotación en la época.
Durante el siglo XVIII y XIX, período en que el Emperador vivía, surgieron por genio y talento de sus autores, piezas como la Misa Nelson de Franz Joseph Haydn, compuesta en 1798; cuyo título original es Misa en tiempos de angustia.
En fecha del estreno, fue noticia la derrota de Napoleón ante Nelson, en la batalla del Nilo; y por ese motivo la obra adquirió el nuevo nombre.
Otra de las más conocidas es la Sinfonía No. 3 en mi bemol mayor Op.55 de Ludwig van Beethoven. La pieza, también conocida como Heroica, fue compuesta entre 1802 y 1803; pero adquirió nueva significación tras el disgusto del autor, cuando en noviembre de 1804 Napoleón se auto declaró Emperador.
Una década después el propio Beethoven escribió otra partitura, esta vez dedicada a un suceso que implicó a otro miembro del linaje Bonaparte, cuando el 21 de junio de 1813 los ejércitos de España, Portugal y el de Gran Bretaña, bajo el comando de Wellington, derrotaron al ejército francés de José Bonaparte, hermano de Napoleón; así surgió La victoria de Wellington.
Igualmente, Piotr Ilich Tchaikovsky escribió en 1880 la Obertura 1812, para celebrar la victoria rusa ante la fallida invasión de Napoleón; y aunque no fue creada precisamente para agasajarle, esta importante obra orquestal es una muestra más de la importancia del francés para la historia, aun cuando su impronta resulta ser tan polémica y controversial.
El arte no suele ni puede darle la espalda, a personalidades que marcan las pautas de la historia, para bien o para mal. El artista vive y siente su entorno y la época que le ha tocado vivir, por tanto el fruto de su ingenio y talento también recoge, de las más variadas formas, aquello que le rodea. Así están contadas las historias y puede reconstruirse la imagen de Napoleón Bonaparte a doscientos años de su fallecimiento.
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