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Los poemas sinfónicos de Strauss

Richard Strauss. Foto: Internet

En un universo tan abarcador como el de los poemas sinfónicos, con grandes protagonistas como César Frank, Gabriel Fauré, Camille Saint Saens, Paul Dukas, Franz Liszt y el famoso Ma vlást de Bedrich Smetana; sobresale Richard Strauss, cuya obra y estilo reflejó la transición secular con el arribo del siglo XX y sus tendencias musicales.

Según el autor de La imagen en la obra de arte, Federico Steiner, los poemas sinfónicos de Strauss tienen en buena medida su inspiración en los de F. Liszt, trece obras orquestales que establecieron el género de la música programática entre 1848 y 1858.

Uno de los más interpretados es Don Quijote, que también puede nombrarse Fantastizche Variationen Uber ein Thema ritterlichen Caracters fur grosses Orchester, Op. 35 (Variaciones Fantásticas sobre un tema de carácter caballeresco, para gran orquesta), y data de sus años como maestro de capilla en Múnich, en 1897 específicamente, cuando compuso además Una vida de héroe.

En el libro La música como proceso histórico de su invención, Adolfo Salazar reconoce que «al nacer el siglo, Strauss ha producido todos sus poemas sinfónicos desde Don Juan (1888) a Una vida de héroe (1898). Las obras, de un sinfonismo poemático, donde sobreviven las últimas avanzadas del romanticismo, la Sinfónica doméstica (1903) y la Sinfonía alpina (1915) lo muestran en franco declive por la pendiente del otro lado».

Francamente se puede reafirmar el declive de la obra de Strauss con sus poemas sinfónicos concebidos en el siglo XX, si se tiene en cuenta que las grandes obras que ha legado para la posteridad (siendo partituras de alto nivel artístico y creativo) como Así habló Zaratustra, por solo citar otro ejemplo, nacieron antes del paso a una nueva centuria.

El investigador José Eduardo Alarcón Núñez, de la Universidad de Colima en México, apunta un tema medular para la compresión de la estructura y precedentes históricos de los poemas sinfónicos de Strauss y otros compositores, en tanto lo reconoce como la unión entre la obertura y la sinfonía.

Macbeth, Don Juan, Don Quijote o el propio Así habló Zaratustra son más evidentes en cuanto a la obra literaria que inspiró al autor. Otros son toda una curiosidad desde su título: Las alegres travesuras de Till Eulenspiegel. Esta obra compuesta en 1895 está inspirada en un personaje folklórico del siglo XIV de la región de Flandes y Alemania del que se dice Strauss escuchó por primera vez en la ópera Eulenspiegel de Cyrill Kistler.

Strauss también los llamaba poemas tonales, y aunque este término no pasó a la posteridad, si lo hicieron Sinfonía doméstica y Aus italien, como Muerte y transfiguración que dedicó a su amigo Friedrich Rosch, y donde música tiene a la muerte como su temática principal a partir de un texto de Alexander Sascha Ritter.

Mientras, queda para la imaginación de muchos, cómo hubiera sonado en su totalidad el poema tonal El Danubio (1941) de no quedar incompleto con la muerte del compositor en 1949.

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