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Los bocetos de Portocarrero

Dibujos de René Portocarrero. Foto: Internet

Uno de los críticos más sorprendentes de la obra de René Portocarrero fue el dramaturgo Virgilio Piñera, quien entre otros muchos detenimientos con referencia a la pintura y, fundamentalmente, del dibujo de los años cuarenta del pasado siglo, referiría del artista que «detenida la mano en ciertas zonas, aguardaba el preciso momento del salto y comenzaba la etapa de oleoficar lo que la misma mano había realizado por el dibujo».

Comentaba el también poeta aquellos dibujos, a los que calificó como  la prueba de la lucidez: «se dibujaba todo: desde las puras ideas hasta las infinitas variaciones de esas puras ideas (…) En él todo era agrupado a fuerza de líneas».

Puras ideas suponen, entonces, el uso de los bocetos por Portocarrero.

Y aquí hacemos un alto para referirnos a algo que podría reducir el concepto del boceto: muchos estudiosos, historiadores e investigadores del arte pudieran solo ver al boceto como ese documento comprobado, previo o como modelo, a la realización posterior de una obra ya definitiva y no ofrecerle así el otorgamiento, a un dibujo suelto, de aquella condición de boceto; es decir, de un ejercicio de puras anotaciones o apuntes  y sin intenciones para la producción ulterior de una obra específica. De todos modos, boceto o dibujo, se trata de una obra de arte de excepcionales valores.

Y para que no haya dudas sobre esta labor de René Portocarrero, en el más reciente libro de Ramón Vázquez sobre este artista que la Fundación Arte Cubano dio a conocer en 2015, junto a un repertorio de más de setecientas imágenes, se incluyen aquellos irrefutables bocetos para una obra otra.

Tales son los casos de La cena (boceto). 1942, una tinta sobre cartulina; boceto en lápiz para Figura de 1949, un óleo sobre papel entelado; boceto en lápiz para Figura con oché de 1952; boceto para mosaico de La Virgen de Fátima, de 1956, en la Capilla funeraria de Raúl Zárraga, en el Cementerio de Colón de La Habana; bocetos de las flores, en tinta azul sobre papel para los vitrales del bar del restorán Las Ruinas, del Parque Lenin, así como los bocetos de diseños de vestuarios realizados en 1948   para Rosaura –vestida de hombre- y Clotaldo -viejo-, personajes de La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca, ambos en tinta y acuarela sobre cartulina.

También, por lo revelador que resulta, debemos resaltar, el Álbum de dibujos al creyón, con copias de cuadros célebres, fechado el 29 de julio de 1924, cuando contaba con 12 años de edad, y que «muestra hasta dónde sus dotes se habían manifestado en edad temprana», refiere Ramón Vázquez Díaz en su libro.

«Son, según una práctica habitual, copias de cuadros famosos, hechas con la torpeza natural de los niños. Su pretendida precocidad queda negada ante estos curiosos testimonios gráficos, que nos ilustran sobre un rutinario e irregular proceso de formación académica recién comenzado».

Algunas de las copias  de ese álbum se conservan en la Colección del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana.


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