Entre todos los honores y privilegios que tiene Cuba está el de contar con uno de los más afamados, laureados y respetados compositores contemporáneos: el Maestro Leo Brouwer. Su música es grandiosa, sobre todo su aporte a la guitarra del siglo XX con obras interpretadas por todo el mundo.
Asistir a una de sus presentaciones como director o intérprete es orgullo de muchos melómanos, y ahora por estar en casa, no tenemos porqué perder la oportunidad de beber de su savia; que bien propone Gajes del oficio libro de Brouwer la Editorial Letras Cubanas publicó en 2004 por, con selección y prólogo de Isabelle Hernández.
Las reflexiones contenidas en estas páginas muestran a un Leo Brouwer realmente multifacético.
Además de su capacidad para desdoblarse como intérprete, compositor y director de orquesta, los análisis muestran a un conocedor, estudioso y analista de las características de la industria musical. Asimismo sobresale su cultura y experiencia de conjunto con juicios de valor refinados y de muy buen tino.
Si se tratase de un paisaje pintado al óleo tendríamos una excelente interpretación que se detiene en los más mínimos detalles, al mismo tiempo que reflexiona sobre temas de innegable valía.
Desde Motivos de son de Amadeo Roldán, criterios sobre el folklore, hasta momentos memorables de la historia musical cubana, como aquellos tiempos de labor junto a Juan Blanco y las series de conciertos realizadas por Manuel Duchesne Cuzán, siendo titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.
Aunque no es propósito exclusivo de este libro historiar la vanguardia en la música cubana, sí hay datos más que suficientes para comprender los criterios estéticos, los preceptos y sucesos fundamentales del período de gestación y desarrollo de la misma, con autores como Héctor Angulo, Carlos Fariñas; y, por supuesto, el propio Leo Brouwer.
Medular me parece esta reflexión que comparto pues quien sabe de la intelectualidad de Brouwer y su música, comprende aún más el caudal de conocimientos que contienen estas palabras:
«La música culta reúne complejidades con el fin de oír-pensar (clasificación también discutible que contiene el espíritu de lo clásico, pero que excluye buena parte del siglo XX contemporáneo), en tanto que la popular ha tenido siempre una función de entretenimiento, de disfrute inmediato.
Entonces saldría de un golpe la contradicción excluyente: -Quien piensa no disfruta y viceversa. Semejante sarta axiomática nos llevaría a la escolástica medieval para sólo probar que el análisis contemporáneo no puede fragmentarse más en compartimentos estancos».
No me propongo cuestionar ni validar el planteamiento del Maestro, solamente lo pongo sobre la mesa como una muestra tangible para los lectores de cuánto atesoran estas páginas, llenas de contenidos necesarios para llevar a reflexión en las aulas o cuando termines de leer estas líneas.
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