Cuando hacemos referencia a la música inspirada en temas religiosos o creadas con estos fines, se acude en sentido general al término de música sacra, si bien algunos sostienen que las categorías música litúrgica, música religiosa y música sacra, ostentan ciertas diferencias, aunque la gran mayoría las empleen como sinónimos.
Pero cuestionar o sostener estas distinciones no es el tema que me ocupa hoy, si bien guarda relación con las partituras creadas por inspiración mística.
Me referiré a un conjunto de composiciones del alemán Heinrich Schütz nombradas Sinfonías Sacras (Symphoniae sacrae), título que en principio podría resultar contraproducente toda vez que por el concepto del género se reconoce como pieza orquestal profana, generalmente estructurada en tres o cuatro movimientos.
Sin embargo, esta definición se relaciona con el criterio moderno de la sinfonía, la cual, luego de un largo proceso de modificaciones, se estableció definitivamente con la figura de Joseph Haydn; considerado «el padre de la sinfonía», por sus aportes al género y la cantidad de obras que compuso.
Pero en tiempo de Schütz, la palabra sinfonía (que procedente del idioma griego significa sonar en conjunto), se aplicaba casi a cualquier combinación instrumental o vocal o ambas y de inspiración secular o divina. Es decir que, toda partitura concertante era perfectamente compatible con el término.
De esta manera, y producto de la influencia de la música instrumental italiana, la música sacra de sus antecesores y los textos bíblicos traducidos al idioma alemán por Martín Lutero, nacieron estas partituras de corte religioso que Heinrich Schütz agrupó en tres tomos bajo el nombre de Sinfonías Sacras.
Compuestos para voces, instrumentos y bajo continuo, los dos primeros tomos de fueron publicados en la ciudad de Venecia, en 1629 y 1647 respectivamente, mientras que el tercero se dio a conocer hacia 1650 en la alemana cuidad de Dresde.
Se caracterizan por exhibir, como denominador común, un particular y solemne uso de la oratoria en perfecta combinación con la música; además de establecer diferencias entre la liturgia católica y protestante toda vez que, para los dos primeros volúmenes el autor empleó la lengua latina, mientras que para el tercero recurrió al idioma alemán.
Aunque Heinrich Schütz fue un compositor prolífico, sus partituras más destacables son precisamente las que se sitúan dentro de la música sacra y especialmente sus tres volúmenes de los Salmos de David y sus tres tomos de Sinfonías sacas.
Son obras grandiosas, impresionantes y ceremoniales donde el uso de las técnicas policorales que exigen gran entrega por parte de los músicos, sobre todo los coros; y que, no por casualidad, muchas agrupaciones en la actualidad abordan su interpretación y grabación, demostrando por qué Heinrich Schütz es uno de los más trascedentes autores del barroco temprano en Alemania.
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