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La olvidada Rafaela Serrano

La docencia de la música en Cuba tiene un grupo de figuras del pasado, hoy olvidadas, pero que en su tiempo enaltecieron (y aún enaltecen) la enseñanza artística del país. Una de ellas resultó ser la pianista y pedagoga española Rafaela Serrano, quien se asentó en La Habana, hasta fallecer el 1ro de abril de 1938.

Cuando decidió establecerse de manera definitiva en el país, lo hizo con sus primeros premios en piano y armonía, que logró en el riguroso Real Conservatorio de Música de Madrid; pero, además, llegó con un aval al que poco podían acceder, pues había hecho música de cámara y era acompañante del gran violinista Pablo de Sarasate, lo cual dice mucho de la pianista que fue.

Ello no le impidió que, en La Habana, tomara clases de perfeccionamiento con Nicolás Ruiz Espadero; ya que la fama del maestro cubano, como pedagogo del instrumento y compositor, había trascendido las fronteras, para acreditarse en ciudades como París y Madrid.
Rápidamente Rafaela Serrano se integró al acontecer musical cubano, tocando en el prestigioso Teatro Tacón, el Casino Español y en Círculo Habanero, entre otros espacios culturales de importancia en la segunda mitad del siglo XIX.

Sin embargo, su impronta dentro de la enseñanza del piano fue en lo que más se destacó, siendo decisiva para el posterior desarrollo musical en Cuba. Rápidamente la Escuela Nacional de Música (en otras palabras, el legendario Conservatorio Hubert de Blanck) incluyó a Rafaela Serrano en su claustro. Allí formó una pléyade de pianistas, entre los cuales destacarían los nombres de Margot de Blanck y Margot Rojas.

La primera jugaría más tarde un papel fundamental en cuanto a la difusión de la música cubana y, en especial, la de sus contemporáneos reunidos en el Grupo de Renovación Musical.

Por su parte, Margot Rojas fue maestra de destacados pianistas como Frank Fernández y Jorge Luis Prats, también de directoras de coro como María Felicia Pérez y Carmen Collado, o compositores de los que son ejemplo Carlos Malcom y José María Vitier.

Puede apreciarse entonces que la labor y el legado de Rafaela Serrano se irradiaron en la continuidad del quehacer de sus discípulos.

Pero esta mujer, además de ser intérprete y profesora del instrumento, escribió varios libros. Entre todos, su Teoría razonada de la música resultó ser un texto obligado en el Conservatorio de Música Hubert de Blanck; y, sobre todo, Cantos Escolares (para uso de las escuelas públicas de antaño) que pudiera retomarse, actualizado, por sus indudables valores en la formación de la sensibilidad de las niñas y los niños.

Hoy, sin embargo, apenas algunos estudiosos recuerdan a esta formadora de artistas que, en su tiempo no tan lejano, llamó la atención de Serafín Ramírez en un libro fundamental para la cultura cubana del siglo XIX: La Habana Artística; y también de Eduardo Sánchez de Fuentes, quien escribió de ella en 1928, en otro libro olvidado: Folclorismo, Artículos, Notas y Críticas.

*El autor es compositor e instrumentista, profesor del Instituto Superior de Arte y director de programas de CMBF, Radio Musical Nacional.

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