El siglo XIX católico se puede contar a través de grandes sucesos como el Concordato de 1801 entre la Francia Napoleónica y el Papado, el nombramiento del Papa Pío IX en 1846 y en 1870 la inauguración en Roma del Concilio Vaticano I, en tanto, importantes partituras marcaron la historia de esa centuria desde el punto de vista sacro-musical.
Creada para ser interpretada en contextos litúrgicos, ese repertorio también forma parte importante de la tradición occidental, de modo que los cantos litúrgicos, sus formas y géneros musicales inspirarían a compositores como Franz Liszt, Charles Gounod, Anton Bruckner y Johannes Brahms.
La misa, el réquiem, el oratorio, la cantata, el motete, el salmo o el villancico, se ven muy bien representados en el panorama musical decimonónico, por partituras como la Missa Solemnis (1823) de Ludwig van Beethoven y el Te Deum (1849) de Hector Berlioz.
La Missa Solemnis en re mayor Op. 123, estuvo concebida para la investidura como arzobispo de la ciudad morava Olomouc del Archiduque Rudolf de Austria, y su estreno tuvo luar el 7 de mayo de 1824 en San Petersburgo, bajo el auspicio del mecenas de Beethoven, el príncipe Nikolai Galitzin.
Según el programa de mano de la interpretación de esta pieza por la Orquesta Estable del Teatro Colón en Argentina, dirigida por Luiz Fernando Malheiro, «la pieza es contemporánea de la Sonata Hammerklavier, la Novena Sinfonía y las últimas tres sonatas para piano. Por eso no es de extrañar que sea una de las obras donde la música deja de ser absoluta y se convierte en un vehículo para expresar cualidades y preocupaciones humanas».
Por otra parte, el Te Deum (op.22/H. 118) creado por Berlioz en 1849 para ser interpretado por tenor solista, dos coros, un coro infantil, una gran orquesta y órgano, con textos en latín del tradicional cántico cristiano Te Deum y dedicado al Príncipe Albert of Saxe-Coburg and Gotha, tuvo su estreno el 30 de abril de 1855 en la Iglesia de Saint-Eustache en París, con el autor en el podio.
Para una mayor comprensión del entorno y la significación de la música sacra en Europa, algunas investigaciones recientes arrojan luces sobre un terreno menos abordado de la música sacra, la española; sobre lo cual ahonda la musicóloga María Antonia Virgili Blanquet a través de La música religiosa en el siglo XIX español y El Canto Popular Religioso y la Reforma litúrgica en España (1859-1915).
De manera general es crucial percibir la importancia del cristianismo en el arte occidental, y por tanto obras magnas como la Missa Solemnis y el Te Deum constituyen testimonio histórico no solo del genio de sus autores, también de la historia de un continente.
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