El clarinete puede integrar formatos de cámara, jazz band y disímiles géneros musicales. También tiene un sitio privilegiado en la historia de la música tradicional cubana con los aportes dados a este instrumento de viento por Máximo Francisco Repilado Muñoz, «Compay Segundo».
Resulta esencial para la historiografía comprender su aporte, al insertar el clarinete en su agrupación con un timbre y rol esencial en sus composiciones; sello del que Haskell Armenteros Pons ha sido heredero y continuador.
«Fue algo que me cambió totalmente la vida en todos los sentidos», de tal manera lo reconoce el músico que desde 1998 integra el Grupo Compay Segundo, como clarinetista.
¿En qué medida lo han marcado estas relaciones?
Musicalmente reconozco que tengo que agradecerle muchísimo a Compay por llevarme a la raíz de la música cubana. Había muchos elementos que no entendía, ni conocía, y gracias a él pude comprender los fundamentos de nuestra tradición.
Yo vengo de la raíz académica, esa es mi formación, y al interpretar estos géneros pude conocer sobre nuestra identidad.
¿Cómo valora el rol del clarinete dentro de la sonoridad y estilo de Compay?
Uno de los logros más destacados de Compay fue el rescate del clarinete en tiempos en los que estaba un poco resagado. Durante años el protagonismo se lo llevó el saxofón por todas sus características sonoras y su papel en diversos géneros de la música norteamericana.
Cuando Compay retomó este instrumento lo llevó a un plano privilegiado, porque en otras épocas fue un tanto olvidado el clarinete. Al traerlo a las sonoridades contemporáneas lo puso en un lugar cimero, y su sonoridad es increíble.
Como dice el maestro Leo Brouwer: «Compay creó e ideó un son de música de cámara», con la llegada e introducción del clarinete.
En la actualidad muchas agrupaciones lo están utilizando con un rol muy importante. Él lo puso a dialogar musicalmente con el instrumento que él creó: el armónico.
Es de destacar también que Compay fue clarinetista e importante en su época por ello. Él lo consideró un instrumento muy difícil y que se lo debía todo a su maestro Enrique Bueno.
Ahí está la historia, trabajó con la Banda de Santiago de Cuba y pudo venir a La Habana para hacer carrera con el instrumento, aunque después se dedicara a tocar otro después. Pero conocía muy bien el clarinete y pienso que al incluirlo en su música fue una manera de honrar sus estudios.
Cuando piensa en Compay, ¿qué canción recuerda?
Muy linda pregunta. Compay tiene canciones muy bellas. Ya llevo 22 años trabajando en el grupo, desde que él nos convocó a grabar el disco Calle Salud.
Normalmente todos, cuando hablan de Compay, recuerdan el Chan Chan o Macuza o algunas otras que son las divulgadas. A mí, muchas otras canciones me recuerdan a Compay. En su obra no solamente estaba la parte jocosa y de doble sentido que lo caracterizaba. Él era un instrumentista y compositor muy diverso.
Lo recuerdo por canciones líricas, como Te doy la vida o La pluma que grabó Omara Portuondo y muchos no las conocen.
Su inclusión en el Grupo Compay Segundo, ¿cuánto le aportó a su experiencia académica?
Fue después de la muerte de Compay que de alguna manera retomé el trabajo de la música de cámara, paralelo a mi trabajo en el Grupo Compay Segundo. Precisamente lo retomé, porque él siempre nos decía que no dejáramos de estudiar, pues eso nos mantenía bien desde el punto de vista técnico.
En el año 2007 me doy a la tarea de fundar nuevamente una agrupación de cámara y se trata del ensemble de viento Nueva Camerata. Han sido trece años de trabajo con esta otra vertiente, un trabajo de música de cámara que nos llena de mucha satisfacción.
¿Qué disfruta más al interpretar la música?
Lo que más disfruto de interpretar la música, además de la parte espiritual que me hace levitar cuando ejecuto; es ver como a las personas le gusta lo que uno hace. Ese es el reconocimiento más grande que puede tener un artista y sobre todo un músico.
Compay siempre decía que cuando haces música popular y el público no se está moviendo o moviendo los pies algo no está bien. Pero, si empiezan a moverse y no se pueden contener en el asiento entonces sí estás haciendo bien tu trabajo.
En la música de concierto es igual, la propuesta debe mover al público o lograr quizás una expresión en la cara o un aplauso. Si se consigue eso en el público entonces está cumplido el objetivo. Sobre todo, predomina en mí el gusto espiritual por hacer nuestro trabajo, algo que considero es lo más importante y especial que puede tener un músico, un artista.
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