En su segundo fonograma el joven compositor Ernesto Oliva plasma el sonar del Guaso, su sentir guantanamero, que con el título de Mi aldea está próximo a su presentación
Mi aldea da título a este proyecto discográfico próximo a su lanzamiento, licenciado por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM) con la colaboración de la Universidad de las Artes (ISA), y grabado en los Estudios Abdala.
En el año 2015, Oliva obtuvo la Beca Ignacio Villa que otorga la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y desde entonces comenzó el proceso creativo y de producción de su volumen; que ha creado con mimo desde los más pequeños detalles.
El músico que en 2012 ganó la Beca Conmutaciones de la propia AHS confesó a CMBF Radio Musical Nacional que en su realización alude a cuando aprendió allá: «lo que se me dio en vena por mi identidad; Guantánamo, mi ciudad».
Así, al homologar a Guantánamo con el término aldea, se refiere a su tierra como el sitio que le inculcó el amor por la cultura del oriente cubano. «Mi aldea es mi pedacito, el sitio que me vio nacer y crecer; por el cual siento siempre un inmenso amor al regresar: ver a los míos, mi gente, mis calles», comenta.
¿Cómo fue el proceso de creación de Mi aldea?
Muchas de las obras fueron pensadas para piano solo. Anteriormente la instrumentista Lianne Vega había grabado algunas de ellas en el disco Sinco…pa´Changüisa, título también de mis dos libros de partituras producido por Colibrí.
Por lo tanto, hice una serie de arreglos donde inserto el contrabajo y dos sets de percusión en función colorística, con el objetivo de enriquecer lo que interpreta el piano en cada sección.
Las compuse entre los años 2009 y 2010, e hice una revisión en el 2014 y otras después entre el 2017 y el 2018.
Mi aldea empieza con una introducción. Me fui a Guantánamo a grabar esos primeros minutos de presentación, a recoger el universo sonoro de mi ciudad: sus calles, su gente… Fui hasta el Guaso y grabé el sonido del caudal del río. En los días que estuve por allá, se me regaló una lluvia y logré grabarla.
Me monté en un coche y capturé las habladurías de las personas en la carreta y el galopar del caballo. También me levanté de madrugada y esperé para grabar a los pájaros en el centro del parque, los gallos, el Banco de ahorros que hay debajo de mi casa.
Eso fue genial porque después logramos editar todo eso y que a través de un proceso dramatúrgico lograra comunicar mi imagen de Guantánamo y creo que salió muy lindo. De veras una satisfacción inmensa.
El son balada, Pero contigo, en mi opinión es la obra más diferente, sobre todo por el formato, pues la grabé con la Orquesta del Lyceum de La Habana bajo la batuta de Rocío Calle.
En A paso e´ pregón ocurre algo distinto a lo que se suele escuchar comúnmente, pues lo que se supondría que se refleje es la imagen del pregonero por las calles. En cambio, más bien lo que muestro es todo aquello que escucha el pregonero por cada uno de los lugares por los que pasa: las calles, los caballos, la lluvia, las casas, si cantan una nana, si pasó por una Tumba Francesa y al final el regreso a su casa.
Por último, el Preludio, que debiera haberse llamado postludio porque es el final del fonograma y es como la expresión de todo el viaje que se hace a mi aldea: Guantánamo, a través del disco; y al final, la añoranza de siempre regresar.
También en uno de los temas hay alusión a la Tumba Francesa porque es parte del universo sonoro de mi ciudad junto al changüí.
El nombre de Mi aldea se deriva de un poema de Regino Eladio Botti que se llama Guantánamo, y empieza así: Aldea, mi aldea, mi natal aldea, término que clavó entre el mar y la montaña la flecha siboney! La obra homónima que compuse tiene una alusión a esa pieza literaria, también realizo una cita a la Guantanamera, mientras que al final suena la Tumba Francesa.
¿Quiénes dirías que son tus influencias musicales posibles de apreciar en Mi aldea?
Por la parte de mi influencia pianística creo que podemos encontrar la factura de la obra de Ernesto Lecuona, como de José María Vitier, Ramoncito Valle, Michel Camilo; que, para mí, son exponentes dentro de la música cubana y caribeña pianística. En la manera de interpretar creo que hay una influencia del trabajo que he hecho con Yelsy Heredia, un contrabajista guantanamero, changüícero.
Hay una parte que siempre trato de destacar mucho que es la influencia y el trabajo con la línea melódica que viene de mi papá, Josué Oliva que es trovador allá en Guantánamo. Él me inculcó a través de muchas horas de escucha los estilos de Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Noel Nicola, entre otros. La línea melódica de sus canciones tiene un enlace directo con el lirismo que se suele escuchar en mi obra para piano.
Es por ello que también podría decir que está reflejado en mi música el lirismo de Frédéric Chopin, Béla Bartok, Serguéi Prokófiev o Serguéi Rachmaninoff; y el movimiento impresionista, sobre todo Maurice Ravel.
Sobresalen las técnicas contemporáneas que utilizo pues me resultan de utilidad para la función rítmica que quise lograr. Las conjugo con alusiones a géneros de la música popular cubana que tienen una función rítmica muy rica.
Hay un diálogo en mis influencias entre Guantánamo, la música popular, el jazz latino, la trova tradicional, nueva trova, todo lo estudiado en la música de concierto y el vínculo con la enseñanza pianística de los soviéticos. Creo que logré encontrar un híbrido de todos esos elementos.
¿Qué artistas intervinieron en los días de grabación?
La convocatoria a la beca me la hizo Yentsy Rangel, la musicóloga que es especialista de música en la AHS. Gretel Garlobo fue la productora ejecutiva. La ingeniería de sonido estuvo a cargo de Tony Carreras, un excelente e impresionante trabajo pues el resultado de esa mezcla para mí es un sueño.
Denis Peralta Amigó fue el productor musical. Él es un excelente músico, pianista y compositor, productor, y tuvimos una convergencia extraordinaria a la hora de concebir cada etapa del trabajo discográfico. Simplemente me dejó soñar y organizó ese sueño que quería lograr.
El contrabajo lo interpretó Olivia Rodríguez, en las percusiones estuvo Nathalí Chongo y Alejandro Aguiar, la trompeta Mayquel González, en la guitarra Camilo Moreira y la Orquesta del Lyceum de La Habana con la dirección de Rocío Calle, Laura Esther Riverol Mitchel en el violín y Tania Haase en la voz.
Cada tema musical lo grabamos juntos, por el concepto de cámara y el vínculo que hay en mi música entre lo popular y clásico. A la hora de interpretar tiene unos tiempos que sería difícil tocar y editarlos por separado. Por eso necesitamos realizar los registros sonoros todos al mismo tiempo, para lograr el resultado esperado.
¿Cuál será ese momento de la temporada de creación del disco que nunca olvidarás?
Me vienen muchas imágenes a la cabeza porque cuando hicimos el tema Pero contigo, tocarlo con la orquesta fue una experiencia grandiosa. Una vez que grabé las obras a piano solo, invité a muchas personas al estudio; todos ellos cercanos a mí para que fueran a conocer.
Principalmente estaban allí mis estudiantes y fue una experiencia linda el tocar para ellos. Después hubo otro momento donde interpreté el Preludio y pedí que se me apagaran todas las luces de la sala y así hice el tema final.
Creo que lo que más se me queda así es la sensación de todos esos días de grabación y la magia que existió para todos los que protagonizamos esta linda historia musical. Creo que todos lo sentimos: había algo espectral e inmenso durante aquellos días. Hubo una magia muy linda ahí, esa sensación es la que pudiera resumir los momentos especiales del disco.
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