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Imágenes en movimiento

Por caminos en mal estado y sorteando todo tipo de dificultades, el cine móvil llegó a los más apartados lugares de Cuba. Foto: ICAIC

El triunfo de la Revolución trajo en sus primeros años grandes cambios sociales al país, que resultaron ser un giro drástico, ante los reclamos más cruciales del pueblo. Así fue como surgió la Reforma Agraria, la Campaña de Alfabetización, y un importante acontecimiento cultural para los más desposeídos: el cine-móvil.

Seis décadas transcurrieron desde el 2 de febrero de 1961, cuando aquel se creó como opción cinematográfica para llevar la existencia del séptimo arte, su luz y conocimiento, a las zonas más alejadas de las ciudades y poblados.

Antes de 1959, una parte de la población rural vivía en territorios distantes, o del mismo modo, en condiciones bien humildes que le hacían imposible el acceso al cine.

Un año después de creado el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), se habilitaron condiciones para hacer llegar el cine-móvil con películas de 16 mm., habladas en español, a millares de hombres, mujeres, niños y ancianos de las más alejadas zonas del país, a través de camiones; y a los trabajadores del mar, por medio de lanchas y barcos, mientras las arrias de mulas lo condujeron por las montañas.

Así,  esta modalidad visual se convirtió en una importante expectativa más, que durante muchos años sirvió para llevar el arte a los rincones más alejados y escabrosos. Toda una proeza que no debe olvidarse aunque ahora los tiempos sean otros.

De un rincón a otro, Maneadero, Guasaza, la Ciénega de Zapata, Santa Cruz, Ocujal del Turquino, Baracoa; o sea, desde Pinar del Río a Guantánamo, se escucharon risas, voces, comentarios y aplausos de un semillero de personas que cada noche en la comunidad, con la llegada del proyeccionista y su equipo, iba a disfrutar de la magia del cine.

Gracias al documental de diez minutos de Octavio Cortázar, Por primera vez (1967), con fotografía de José López, en el que se observan las Unidades de Cine-Móvil del ICAIC que visitan un apartado lugar de las montañas orientales, quedaron para la historia las emociones y opiniones de los campesinos de la zona que de esa manera se acercaron a la gran pantalla.

Así, en un poco más de dos años de existencia, se habían producido 47 495 proyecciones y casi ocho millones de personas de estos lugares habían asistido a tales exhibiciones.

Algo similar permite también examinar la comedia El elefante y la bicicleta (1997), largometraje de Juan Carlos Tabío, que aunque contiene otras intenciones, igualmente un joven lleva un cinematógrafo por primera vez a un pueblito rodeado por el mar y unido a tierra firme sólo por un puente.

Y si bien los tiempos cambian y la tecnología impone otros derroteros, no es menos cierto que hechos como este nunca deberían ser olvidados, pues son el origen o la causa primera de muchos actuales beneficios sociales.

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