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Iliana Morales: Me hace feliz que quede una huella

Iliana Morales. Foto: Facebook

La pianista cubana Iliana Morales pretende presentar en la primavera de este año su primer álbum en solitario: Elegía para un sueño del sello Colibrí. Afincada como profesora en Madrid, el diálogo acerca de este fonograma se hizo vía WhatsApp. Su generosidad y la herencia familiar, de notables músicos, están presentes en el disco, a partir de lo que ella denomina «experiencia significativa», cuyo recorrido sonoro tendrán la oportunidad de escuchar nuestros oyentes próximamente.

«La elegía es un género de la poesía que designa una lamentación por la pérdida de un ser querido o una ilusión. Un poema de duelo por la muerte. Por otra parte, el sueño o ensueño es la evocación de sonidos, pensamientos y sensaciones relacionadas con la realidad, es decir una amalgama de ilusión y fantasía. A pesar de la diferencia en los contrastes sonoros de Elegía para un sueño, hay un elemento unificador que radica en la riqueza poética de la ensoñación sobre la muerte y sobre la vida», relata la intérprete a CMBF Radio Musical Nacional.

Los compositores escogidos son de América y Europa. ¿Cómo los relacionas estéticamente?

Efectivamente los compositores son de ambos continentes. No hay que olvidar que de la influencia e interacción cultural entre Europa y América han surgido géneros musicales que serán eternos. No sólo se han fusionado en sus inicios, sino que el tiempo los fusiona cada vez más. De ahí la riqueza de ritmos en el jazz latino, para citar un ejemplo, entre tantos muchos. Cada producto musical en América es producto de su propia raíz unida a las influencias de otras culturas europeas y viceversa. Metafóricamente hablando, es como un padre que educa un nuevo ser, que a su vez después es hijo de su propia herencia.

Por mi parte al vivir y desarrollar mi trayectoria artística en ambos continentes, me convierto en un reflejo de esta selección que es parte de mi vida, que es un espejo de mis propias experiencias musicales en Cuba, México y España: los países donde he radicado; y están impregnadas de mis vivencias en estos entornos culturales y personales. No es imprescindible que haya obras españolas, cubanas o mexicanas, el sustrato de mis vivencias está implícito en mi interpretación, desde mis propias vivencias en estos países.

La relación entre estas obras radica en su temática, no precisamente en su estética. Su estética es contrastante en estilos,  universos musicales, procedencia, y  son de los siglos XIX y XX; aunque los pilares del disco descansan en dos obras del Romanticismo europeo más apasionado, una de ella es arquetipo de la muerte y otra es arquetipo de la vida: la infancia.

Dos obras emblemáticas: la Sonata No. 2 en si bemol mayor Op. 35 «Fúnebre» de Frédéric Chopin y las Escenas Infantiles Op. 15 de Robert Schumann, inician y finalizan el disco.

Dentro de estas sólidas estructuras del Romanticismo europeo, refulge insertada en   la temática de la infancia y nuestra realidad latinoamericana una obra pequeña, pero gigante en su mensaje de la infancia: Rondó sobre temas populares infantiles Op. 15 de Alberto Ginastera, de tintes impresionistas y lenguaje típico de la revolución tonal del siglo XX. Con ella me sentí inspirada en mi niñez,  en La Habana, y la de mi  propia hija; por nuestros  juegos  en los portales y en las calles.

Por último, George Gershwin: el paradigma del compositor que lleva el jazz a la música sinfónica de concierto y los ritmos afroamericanos a la ópera y la canción al entorno clásico de la música norteamericana. Sus Tres Preludios para piano solo es totalmente contrastante por su ritmo expansivo y el blues reflejado en su lenguaje pianístico.

En ocasiones se piensa que es necesaria cierta experiencia vital o emocional para leer con sentido, según las partituras que se aborden. ¿Con qué estado de ánimo te enfrentas a lecturas tan distintas?

Justamente, el intérprete tiene que trabajar profundamente en el mensaje que el compositor desea transmitir, siempre. En el caso de esta selección, por sus contrastes, debí intimar con mis vivencias de la muerte de seres queridos, evocar mi infancia en los bellos y multicolores atardeceres cubanos, estudiar profundamente la poesía que imprime Schumann a sus Escenas Infantiles, que son producto de un intimismo, que proviene de los largos inviernos europeos, y de la influencia literaria que contiene su música.

Por otra parte, los ritmos negros y la impronta del jazz están mucho más cerca de mis orígenes, que radican en la expresión corporal de las emociones. De modo que reafirmo: la experiencia vital sí produce una impresión en el intérprete, que puede ser aprovechada para una abstracción que permita canalizar sentimientos y emociones.

Es tu primer disco como solista. ¿Cómo ha sido esta experiencia?

Esta experiencia es única porque grabar un disco es una experiencia significativa en varios aspectos. Uno de ellos es la vivencia de la grabación, que no tiene nada que ver con la presentación en público, donde el nervio y la inspiración que aporta el escenario en una sala de concierto y el realizar tu creación en el ahora más inmediato, es una experiencia muy diferente a tocar en un estudio de grabación.

Para mí ha sido enriquecedora, he ampliado mis conocimientos, mis propias posibilidades como intérprete y de carácter; y he aprendido mucho, también por el empaque artístico y pianístico de las obras seleccionadas.

Me hace feliz que quede una huella, aunque sea congelada en el tiempo, pero dejas un referente de tu personalidad artística y tu sensibilidad. Eso es un logro para los músicos, y nos aleja de lo efímero.

El Maestro Frank Fernández aparece como productor musical de este álbum. Háblame de esta relación y experiencia de trabajo.

La relación con el Maestro Frank Fernández, viene desde hace muchos años, cuando yo era una adolescente deslumbrada por sus éxitos como pianista y pedagogo. Cuando logré el sueño de ser su alumna, descubrí un mundo de matices en la interpretación y amplié mis posibilidades expresivas, sonoras y estilísticas.

Ese recuerdo, y el buen quehacer que él practicaba con sus alumnos: de crear audiciones en los que todos nos escuchábamos, además de su visión de que la crítica debe ser constructiva, fue una poderosa enseñanza. En esas reuniones y debates, aprendí también de mis compañeros de clase. Como maestro, hacía las conclusiones, de modo que nos multiplicaba las posibilidades y el lujo de aprender de él, de uno mismo y de nuestros compañeros.

De modo que, con obras tan comprometidas, y después de 25 años recurrí a la semilla que fue Frank Fernández, y me puse en sus manos para que dirigiera la producción musical del disco; pero su actividad se fue más allá del productor, como tal, pues en él encontré al maestro nuevamente; a quien, por su rigor y espíritu creativo, debo parte de mi inspiración.

En estos tiempos de confinamiento por la COVID-19, ¿a qué dedicas tu tiempo y cuándo esperas sea la presentación en La Habana?

Desde hace más de 18 años he impartido clases en el Real Conservatorio de Música y conservatorios profesionales de la Comunidad de Madrid como profesora de Piano: una plaza obtenida por concurso de oposición; y, en estos tiempos, hemos combinado el teletrabajo con la clase presencial, tomando todas las medidas de seguridad.

Las clases de Piano son personalizadas, de ahí que el rendimiento no es el mismo cuando trabajas por internet a cuando percibes al alumno y puedes incentivarlo, ya sea con la ejemplificación en directo, o mediante las indicaciones para una interpretación más expresiva.

Son clases que tienen un alto grado de exclusividad y percibes qué recursos requiere tu alumno con más certeza cuando le escuchas tocar o le ayudas a estudiar una obra.

Pero también he descubierto que algunas ventajas de las clases a distancia, pues el alumno debe ser más autónomo y aplicar el conocimiento acudiendo a su propia capacidad individual. También he dedicado tiempo a preparar la presentación de mi CD, en diferentes partes de España, y también en Viena, Austria.

Las pandemias mundiales nos han obligado a desplazar fechas una y otra vez.
Probablemente en la primavera pueda presentarlo en el Instituto Cervantes de Viena. Crucemos los dedos.

Además, he preparado entrevistas y, sobre todo, intento trabajar en mi interior y aprovechar estos momentos para crecer en carácter y autoconocimiento, y perfeccionar mis recursos pianísticos.

Mi mayor ilusión es presentarlo en Cuba: mi tierra, donde están mis amores, mi esencia.
Son tiempos de paciencia y de flexibilizarnos para que la misma vida vaya marcando los pasos. Sería fantástico presentarlo cuanto antes.

Quiero hacerlo de forma presencial y con un concierto, y quiero prepararlo bien. Si la vacuna y las circunstancias nos ayudan, quizás el verano sea un buen momento; sin embargo, desafortunadamente, ninguno de nosotros puede tener en estos momentos la última palabra. ¡Ojalá sea muy pronto, me haría inmensamente feliz!


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