La noticia del fallecimiento de la soprano cubana Gladys Puig, ocurrido en La Habana, la madrugada de este 19 de agosto, entristece el panorama lírico cubano y como siempre ocurre en estos casos, en la memoria de los aficionados a este arte con más años se reactivan los recuerdos de sus actuaciones en los años de esplendor.
Hija del pianista, director de orquestas típicas y compositor de danzones Cheo Belén Puig (1908-1971), Gladys, nacida el 26 de noviembre de 1932, se inició en el arte muy joven. Su formación musical comenzó poco antes del triunfo de la Revolución, primero con la soprano cubana Zoila Gálvez, y luego en la Escuela de Ópera del Conservatorio Hubert de Blanck, dirigida por el maestro austriaco Paul Csonka. Formó parte del cuadro de solistas cubanos de la Sociedad Pro Arte Musical e intervino en las notables producciones de Aida de Verdi (1955) y Manon de Massenet (1958), protagonizadas por Antonietta Stella y Victoria de los Ángeles respectivamente.
Durante esos primeros años de actividad, figuró en los estrenos en Cuba de las óperas Suor Angelica de Puccini (1954), La oca del Cairo de Mozart (1956), Amelia va al baile de Menotti (1957) e Il tabarro de Puccini (1958).
En 1961, a su regreso de una fructífera estancia de estudios en Italia, donde perfeccionó su técnica de canto bajo la guía del maestro Napoleone Annovazzi, participa en la temporada popular de ópera del teatro Amadeo Roldán, donde interpreta el papel de Margarita en Fausto, de Gounod, y en la temporada lírica del teatro Payret con el rol titular en la zarzuela Doña Francisquita de Vives. A finales de aquel año, es seleccionada —junto a Ana Julia— por el Maestro Gonzalo Roig para dar a conocer la versión definitiva de su Cecilia Valdés en el teatro Payret.
Meses después, alterna con Rosita Fornés en el protagónico de La viuda alegre. Y al año siguiente participa en la fundación del Teatro Lírico Nacional de Cuba (1962), que inicia sus presentaciones con la ya mítica puesta de la zarzuela Luisa Fernanda, de Moreno Torroba (1963), en el Teatro García Lorca (hoy Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso). En aquella función inaugural Gladys encarnaba el rol titular junto a Rosita Fornés, como Duquesa Carolina, Miguel de Grandy, en el rol de Vidal Hernando y Armando Pico, como Javier Moreno.
El título subió a escena más de 150 veces durante la temporada interpretado por un numeroso elenco de artistas consagrados y noveles. Luego figuró en las puestas de La princesa de las csardas (1963), María la O (1964) y El conde de Luxemburgo (1966). Además, protagonizó con Armando Pico la exhumación del título alhambresco La casita criolla, de Villoch y Anckermann, en el marco del Festival de Música Popular Cubana 1963.
Contemporáneamente a aquellas presentaciones escénicas, Gladys participó también en numerosas puestas televisivas de ópera y zarzuela, entre las que se recuerdan Los payasos, La bohème, Soledad, Azabache, Molinos de viento, Luisa Fernanda y Al sur del Pacífico, todas dirigidas por el Maestro Roig.
En junio de 1987, el Teatro Lírico Nacional de Cuba le dedicó una función homenaje de La viuda alegre, por el aniversario 38 de su debut escénico. En dicha ocasión, interpretaron los protagonistas, intercambiando los papeles en cada acto, Linda Mirabal y Dinorah Argüelles y Benig Rumayor y Ángel Menéndez, este último había acompañado a Gladys durante toda su carrera desde los primeros años.
Pero en la vida de esta artista también debe destacarse su amor por la docencia, labor que desarrolló tanto en forma privada como en distintas instituciones pedagógicas nacionales, que la hicieron acreedora de la admiración, respeto y afecto de sus numerosos alumnos agradecidos.
Con la partida física de Gladys Puig se va extinguiendo una estirpe de artistas que ha dejado su huella indiscutible en las nuevas generaciones, garantizando con ello en buena medida la permanencia de un arte que ostenta ya centenaria tradición en nuestra patria.
Tomado de Cubaescena
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