El compositor alemán Georg Philipp Telemann (1681–1767) fue, sin dudas, un personaje singular. Para muchos, el más prolífico de la historia, al punto de que él mismo se negó a contabilizar su catálogo, presumiendo que sería un trabajo engorroso y agotador.
Por esta razón, aun en el siglo XXI, siguen apareciendo obras de su autoría; tal como se demostró en octubre de 2015 con el hallazgo de una copia de sus Doce Fantasías para viola da gamba, colección que desde entonces, ha devenido obra capital para los intérpretes de este instrumento.
Aunque no se descarta que continúen apareciendo otras obras suyas, el muestrario de Telemann reúne hasta hoy unas tres mil piezas distribuidas entre todos los géneros y formatos típicos del Barroco (vocales, instrumentales, sacros y profanos); y es que además de fértil creador, demostró ser un gran organista, violinista, violagambista, flautista y oboísta; lo cual (evidentemente) le facilitó la abundante composición de obras para estos y otros instrumentos.
Su estilo creador, también resulta llamativo y aunque muchos lo consideran un auténtico compositor alemán, en el convergen, mas allá de lo teutón, elementos franceses e italianos; porque, a pesar de la austeridad de la escuela germana en la cual se formó, Telemann apostó más por la ligereza y la simplicidad melódica, la expresividad y la estructura formal, restando importancia a la fuga y el contrapunto, a pesar de haber convivido cronológicamente junto a su coterráneo Johann Sebastian Bach, autor de grandes monumentos contrapuntísticos.
Otro de sus grandes virtudes se relaciona con el arte literario, ya que en su condición de inteligente y agudo editor, Telemann tiene el mérito de haber sido el primero en publicar una revista musical en lengua germana, a lo que se une que escribió, entre 1718 y 1739, tres biografías suyas, en las cuales, si bien los datos no resultan absolutamente confiables (según sus propios investigadores), al menos proporcionan numerosos detalles de su juventud y vida adulta dentro del contexto musical de una buena parte del siglo XVIII.
Mas la actividad musical de Telemann no se redujo a escribir y componer a raudales (que ya hubiera sido suficiente) a lo largo de sus 86 años, pues ejerció tantísimos cargos importantes por toda Alemania. Fue maestro de capilla en Santa Catalina y en la corte de Eisenach, en la capilla del conde Von Promnitz y en Bayreuth y director de la música de Frankfurt (donde atendía las cinco principales iglesias de la ciudad), director en la Ópera de Hamburgo, Cantor en el Johanneum de Hamburgo, y la fundación del todavía célebre Collegium Musicum.
Todo esto, sin obviar que el grueso de la actividad musical de Telemann comenzó a partir de 1702, con más de treinta años, ya que previamente y cumpliendo los deseos de su madre, había estudiado Derecho y Letras en la Universidad de Leipzig.
Por último, y a modo de dato curioso, este singular músico fue un apasionado de la horticultura; a la cual también dedicó tiempo y esfuerzos para lograr una rica colección de plantas y flores exóticas, de la cual se conoce que incrementó, en varias oportunidades, con ejemplares raros enviados desde Londres por Georg Friedrich Händel.
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