Gaspare Luigi Pacifico Spontini fue un músico afortunado que logró el reconocimiento artístico y la gratificación económica; mientras otros, en su tiempo, no lo lograron. Nació en un pueblo de Ancona, el 14 de noviembre de 1774 y luego de recorrer y brillar en varias capitales europeas en su doble función de compositor y director de orquesta, murió el 24 de enero de 1851 en la misma ciudad italiana que lo vio nacer.
Aunque su seno familiar era particularmente humilde, Spontini estudió música en una escuela cercana a Nápoles; y allí, por su dedicación, consiguió cierto renombre con la creación de sus primeras óperas.
Su vida profesional comenzó en Palermo, como director musical de la corte; pero en 1803 decidió trasladarse a París donde, después de algunos intentos fallidos para reestrenar sus obras en el teatro italiano, compuso tres nuevas «operas-comiques» para el Théâtre Feydeau: La Petite maison y Milton (ambas en 1804) y Julie ou le Pot de fleurs, en 1805.
Con estas, asimiló el gusto francés de manera irrefutable y logró incorporar el nuevo estilo que proclamaba Napoleón, el cual fundía la estética revolucionaria y la republicana. El triunfo se materializó rápidamente y con Spontini recibió el nombramiento de compositor de cámara de la emperatriz Joséphine en 1805.
Dos años más tarde, estrenó La Vestale en el Théâtre de l'Opéra, que lo consagró como continuador de la tradición seria iniciada por Gluck, y con la cual obtuvo un notorio éxito.
Con Fernad Cortes (en 1809), el éxito no fue tan abrumador, aunque Napoleón mantuvo su apoyo. Sin embargo, una década después, tras el fracaso de Olimpie, Spontini decidió abandonar París y probar fortuna en Alemania atendiendo a una invitación del rey de Prusia Federico Guillermo III. Una vez instalado en Berlín asumió el cargo de director musical de la corte, de 1820 a 1842, etapa en que dató Lalla Rükh (1821), Alcidor (1825) y Agnes von Hohestaufen (1829).
El estilo nacionalista alemán le impidió amalgamarse plenamente con la idiosincrasia germana, razón por la cual y a pesar de continuar estrenando y reponiendo eventualmente sus óperas, la crítica no fue particularmente elogiosa con su estilo como compositor; aunque destacó por su capacidad como director orquestal, y sobre todo por su excentricismo en el podio, empuñando algo parecido a un bastón de mariscal fabricado en ébano, largo y grueso, con una empuñadura de marfil en cada extremo.
Pero, con la muerte en 1840 de su preceptor, la situación de Gasparo Spontini empeoró notablemente, lo que trajo como consecuencia que en 1842 regresara a París y después volviera a Italia, donde finalmente se retiró.
En vida recibió numerosos reconocimientos, muchos de ellos otorgados por los Estados Pontificios. También se coronó con la Orden de la Legión de Honor en Francia, y la Orden de Luis, entregada por el Gran ducado de Hesse. El reino de Prusia lo nombró Caballero de la orden Puor le Merite; fue Caballero de la Orden de Leopoldo, por el reino de Bélgica; Caballero de la orden del Mérito de la Corona, por el reino de Baviera; y se le reconoció como Miembro de la Academia de la música de Suecia.
Entre toda su obra, la trilogía que integran La vestale, Fernand Cortez y Olimpie (junto a las partituras de Giacomo Meyerbeer), inauguró la Gran Ópera, un subgénero dentro del estilo lírico teatral, que más tarde, influiría de manera determinante en las óperas de otros compositores como Richard Wagner.
La figura de Gasparo Spontini pasó igualmente a la historia sobre todo por La vestale, declarada por el Institut de France como la mejor obra lírica de la primera década del siglo XIX.
La obra, apesar de sus grandes exigencias vocales (sobre todo para el rol protagónico), su recitativo de carácter solemne y su melodismo noble y elocuente, han hecho que aún continúe en el repertorio de varias compañías e intérpretes, considerándose entre los mejores exponentes de la ópera de la época napoleónica.
La vestale fue la ópera que inauguró la temporada de La Scala el 7 de diciembre de 1954, con María Callas en rol protagónico, quien (por su prestancia vocal y escénica) recibió una ovación memorable del público, que cubrió el escenario de claveles rojos, de los cuales la Callas recogió uno para obsequiarlo a un anciano de 87 años que se encontraba en uno de los palcos: el inigualable director Arturo Toscanini.
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