Hacer un recuento histórico del violín en Cuba es imposible sin mencionar al Maestro Evelio Tieles.
Siendo niño fue estimulado y recomendado por Henryk Szering para cursar estudios en París con Jacques Thibaud, quien fuera discípulo de otro cubano notable, José White. Luego, continuó su formación en el Conservatorio Tchaikovsky, de Moscú, con el gran violinista David Oistrach y su hijo Ígor.
De esta forma entró en contacto con algunos de los máximos exponentes del instrumento de mediados del siglo XX, lo que le valió una sólida formación artística, proyectada a partir de 1966 entra diversas facetas.
Después de 13 años de intensos estudios en Europa (cinco en París y ocho en Moscú) Evelio Tieles regresó a Cuba para aportar las experiencias adquiridas.
No tardó entonces en convertirse en referente dentro del ámbito musical y se le vio, además, como fundador y jefe de los departamentos de cuerdas en la Escuela Nacional de Arte (ENA); y el Instituto Superior de Arte (ISA); Asesor Nacional de Cuerdas, fundador de varias orquestas de cámara y Presidente de la Sección de Músicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, (UNEAC).
A ello ha de sumarse su importante labor artístico-pedagógica realizada en España, específicamente en el Conservatorio Profesional de Música de Vila-seca, con la fundación y dirección de la orquesta de cámara de esa ciudad catalana; o como Director Académico del Conservatorio Superior de Música del Liceo de Barcelona, siendo el primer extranjero que ocupó dicha responsabilidad en 165 años de historia.
Cada encuentro con el Maestro es siempre un motivo de alegría y aprendizaje para quienes deciden acercarse a la experiencia de una vida artística intensa, entregado a la preservación y perfeccionamientos de los caminos de la educación musical cubana de la cual resultó protagonista durante décadas.
De entonces
Acerca del proceso de reorganización de la enseñanza musical después del triunfo de la Revolución, el Maestro Evelio Tieles recuerda que «se produjo a principios de la década de 1970. Fue una consecuencia, después de años de espera, de lo acordado a principios de los años sesenta».
En tal sentido relata que «el planteamiento principal partió de la formación de un especialista culto, no de un músico culto. Comprendimos que la especialidad determina el contenido de las materias que conforman el plan de estudios. Para llegar a esta conclusión, nos planteamos el tiempo de estudio diario que se necesitaba para aprender y aprehender en la especialidad los conocimientos que nos permitieran tener un especialista de alto nivel, con un perfil ancho; no un solista, como erróneamente se planteaba, y ahora de nuevo se vuelve a decir».
Varios fueron los acuerdos a los que llegaron los artistas-profesores que lideraron todo este proceso, entre ellos especificó la importancia de «tener un nivel medio de gran excelencia, con calidades de nivel superior, formar personas capacitadas no solo para desempeñarse como instrumentistas, sino también impartiendo clases».
Como política, se estableció que el estudiante de nivel medio-superior debía graduarse al cabo de cuatro años. Al término de los dos primeros cursos se le hacía una evaluación para valorar el comportamiento de su desarrollo, pero (aun cuando los resultados no fueran del todo halagüeños) si había una profesionalidad, no se le debía interrumpir su paso por esta etapa académica; la meta consistía en concluir los cuatro años de estudio establecidos.
«Esta política en la ENA nos permitió tener resultados de calidad inmediatos en las provincias donde existían escuelas de música, tales como Santiago de Cuba, Holguín, Camagüey, Granma, Villa Clara y Matanzas», agregó Tieles.
Como parte del intercambio que suscitó la alianza de Cuba con los países del campo socialista europeo, los estudiantes sobresalientes eran becados en algunos de los mejores conservatorios de la época; en Varsovia, Weimar, Praga, Budapest o Moscú, para realizar el nivel superior.
Esto, afirmó Evelio Tieles, «garantizó el desarrollo de alta calidad de la enseñanza artística en toda el país»; por cuanto la excelente preparación de dichos músicos repercutió directamente en la calidad y proyección futura de la naciente academia cubana.
Por aquellos años se gestaba la creación del ISA, en La Habana, acontecida en 1976; hasta la actualidad, la única institución con carácter universitario que forma a los artistas cubanos.
Al respecto Tieles considera que la Universidad de las Artes inició su andadura de manera prematura.
«Lo mismo que hicimos en los niveles elemental y medio, donde aplicamos nuestros criterios adoptando y adaptando las experiencias soviéticas, polacas, húngaras y checas, debimos haberlo hecho en el nivel superior. Aplicamos la experiencia soviética de manera mecánica, sin encajar el nivel superior con el nivel medio», refirió.
Para el futuro
A inicios de los años 2000, Evelio Tieles y un grupo de profesores se dieron a la tarea de impulsar un plan académico alternativo denominado Programa para el Desarrollo de las Cuerdas en Cuba. Este contó con el apoyo del ISA, el Centro Nacional de Escuelas de Arte (CNEART), el Instituto Cubano de la Música y el Centro Nacional de Música de Concierto.
Un peligro inminente asechaba por entonces: la depresión de los instrumentos de cuerdas en las orquestas del país.
Necesitábamos conseguir en un tiempo corto, sin sacrificar la formación académica: primero, especialistas que nos permitieran colmar los profundos vacíos creados por el éxodo abrupto que se produjo a principios del decenio de 1990 y, segundo, mantener la misma calidad.
Lo logramos sin mutilar los contenidos ni el rigor académico. No era un plan para superdotados, sino para estudiantes de música con capacidades y talento normal… Con cualidades que los hacían estar por encima de la media, igual que un estudiante de ballet o deporte, agregó Tieles.
Dicho plan permitió formar en cinco años lo que antes hacíamos en nueve. Especificó lo anterior, teniendo en cuenta los cuatro años de nivel medio realizados en dos, y los cinco de nivel superior resumidos en tres años.
Los resultados fueron evidentes y se reflejaron, fundamentalmente, el alto nivel que alcanzó durante algunos años la sección de cuerdas de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso y en la creación de la Orquesta de Cámara de La Habana, fundada en su mayoría por egresados de este programa.
Ellos hicieron, desde su niñez, la práctica de conjunto en la Orquesta Manuel Saumell bajo la dirección de Tieles, agrupación que llegó a profesionalizarse a principios del año 2000 y mantuvo su actividad durante el lustro siguiente.
Mientras, recordó la afirmación del Maestro Roberto Valera, cuando en junio de 2010 planteó públicamente que «la enseñanza artística se convirtió en una de las joyas de la educación cubana; para concluir: Ruego a los que tengan poder de decisión que tomen conciencia de la gravedad del asunto que planteo y que hagan todo lo posible para evitar el desmantelamiento de la enseñanza musical cubana».
A propósito, Tieles considera que las instituciones y profesores cubanos debemos plantearnos el futuro asumiendo la calidad y la experiencia que vivimos y superamos con éxito en dos ocasiones, el período anterior a 1994 y el posterior a 1999.
Colmamos el enorme vacío que se creó entre esos años recuperando los niveles de calidad, con una actitud creadora en la dimensión cognitiva-procedimental, que nos permitió acortar los plazos del desarrollo sin perder la calidad.
Esa calidad renovada se logró en muy poco tiempo. Analizarla, debatirla y cumplir las conclusiones que acordemos debería ser el camino para encauzar el talento que existe en nuestros jóvenes, sentenció por último.
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