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Ernesto Lecuona: Siempre en mi corazón

Ernesto Lecuona. Foto: Internet

Durante varias emisiones recientes el programa Bravo de la televisión nacional presentó la serie documental Ernesto Lecuona: siempre en mi corazón del periodista, escritor e investigador Ramón Fajardo Estrada.

Incluye la puesta testimonios de más de cuarenta intelectuales del país y el extranjero que relatan la vida y entregas del universal compositor, desde su primera etapa vital (entre 1895 y 1927), que aportó, sin dudas, elementos sedimentarios a la obra del pianista.

De entonces se recuerda que en 1910, el niño Lecuona debutó en reunión familiar y dio inicio a sus estudios musicales académicos, con Joaquín Nin y Hubert de Blanck, hasta graduarse en 1913 en el Conservatorio de La Habana donde alcanzó la Medalla de Oro.

La conspiración de 1912 en Matanzas, tras la masacre gubernamental por el alzamiento del partido independiente, devino giro estremecedor para el joven músico, quien comenzó a acariciar, entender, asimilar y traducir en música, la negritud y sus aristas; inéditos entre las formas de la música de concierto.

De aquí proviene una de sus más destacadas obras: La comparsa, marcando un hito para el pentagrama nacional, y ofreciendo antecedentes para la escritura de posteriores como Amadeo Roldán, Alejandro García Caturla y los hermanos Grenet, entre otros. De igual modo fue génesis de sus trascendentales Danzas afrocubanas, de importancia capital por sus múltiples valores, utilidades y aportes a la pianística antillana.

Un reverdecimiento acelerado como intérprete y compositor pronto lo ubica junto a nombres de excelencia, sumando presentaciones nacionales y giras internacionales, entre las que repercutió el criterio de Arthur Rubinstein al asegurar: «no sabría que admirar más, si al pianista genial o el sublime compositor»; en tanto era declarado como la primera eminencia pianística de América tras la eximia Teresa Carreño.

La segunda parte de Ernesto Lecuona: siempre en mi corazón lo signan varios eventos trascendentales para la cultura cubana, entre los años 1928 y 1943, por su prolífica producción de zarzuelas junto al libretista Gustavo Sánchez Galarraga.

Títulos tan importantes como El Cafetal, El Batey, La flor del sitio, Rosa la China Niña Rita, que trajo el ascenso de Rita Montaner; o La de Jesús María, marcando el inicio de colaboraciones con Rosita Fornés; y Lola Cruz, trayendo el debut de Esther Borja; distinguen ese período.

Pero sin lugar a dudas, fue María la O su obra maestra en este género, que estrenada el 1ro de marzo de 1930 como sainete lírico en el Teatro Payret, mostraba por vez primera a la mulata de rumbo y las costumbres y cultura de los curros del manglar.

Hace aparecer el personaje de la «mujer fatal» en modo criollo, a través de conflictos heredados de la colonia con su traducción formal en la Cuba de la República; y, de este modo, Lecuona inicia una época donde la zarzuela criolla crece, haciéndose extensible hasta la década del 1940.

Por esa época repercute su presencia en Estados Unidos, al punto que Siempre en mi corazón resultó la primera canción proveniente de Latinoamérica, nominada a un Oscar, y trascienden los desmanes del Grupo de Renovación Musical en desacreditar la obra del Maestro, tras evaluaciones vanguardistas recién llegadas del viejo continente.

Una tercera parte de la serie documental recorre la intensa actividad artística de Lecuona entre 1945 y 1956; su amplia discografía, innumerables presentaciones con su compañía en Nueva York, La Habana y otras latitudes; junto a la inserción de su música en decenas de películas norteamericanas.

Resalta en estas fechas la importancia del melodismo en su obra que, aportando giros inigualables, encierra una importancia capital para la cancionística cubana; al tiempo que se hace también notable la fructífera presencia del genio guanabacoense en múltiples programas estelares de la naciente televisión.

La cuarta y última parte de la serie concebida por Ramón Fajardo destaca la etapa final en la vida del maestro, de 1957 a 1963, de la que fueron expuestas arbitrariedades, insidias y componendas para desacreditar al músico y su obra, a lo que se sumaron otros importantes compositores de la época.

Luego de exitosas presentaciones en España, Lecuona regresa por problemas de salud hasta que, recuperado parcialmente, continúa una intensa actividad cultural, pero entre tropiezos que lo mantuvieron envuelto en la mayor tristeza. Es entonces cuando decide emigrar a los Estados Unidos y luego a España, donde falleció el 29 de noviembre de 1963.

Tras su deseo personal de ser enterrado en Nueva York, parte de los oponentes a su música, deciden (aún mas) desconocer su obra, lo que devino casi una prohibición en los siguientes años. Sin embargo, la perseverancia y valentía de artistas del patio, permitieron que la obra de Lecuona fuera escuchada con mayor fuerza hasta ser reconocido como el músico cubano más interpretado a nivel internacional.

Un caudal de cientos de canciones, una ópera, zarzuelas y obras para piano conforman la obra del también precursor del Latín Jazz en Cuba, situándolo como el autor más prolífico de todos los tiempos en el país.

Decenas de testimonios, rescates históricos y grabaciones para la realización, conforman las casi cuatro horas de la serie documental; destacando con mayúsculas las valoraciones del Doctor Eusebio Leal y del Maestro Juan Piñera, sin desdorar los aportes de cantantes, pianistas, investigadores y escritores que accedieron a entregar sus recuerdos y valoraciones.

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