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Epílogo para una posible historia del boceto artístico

Estudio anatómico de Leonardo da Vinci. Foto: Internet

Hasta la literatura llega el boceto con esas «carpetas de ideas o apuntes de cosas», como escribe Ítalo Calvino en el relato Las ciudades invisibles, plagado de bellas y fantásticas imágenes plásticas, prestas a servir a una obra más acabada.

Allí refiere: «tengo muchas carpetas donde meto las páginas escritas, según las ideas que se me pasan por la cabeza, o apuntes de cosas que quiero escribir (…) Cuando una carpeta empieza a llenarse de folios, me pongo a pensar en el libro que puedo sacar de ellos».

Nada escapa a la tentativa del boceto, y nuestras vidas personales o profesionales se ven precisadas de estas oportunas anotaciones en el bregar diario para cualquier ser humano, sea o no artista o escritor.

Sería imposible cualquier escribir su historia con cada uno de los cientos de miles de artistas de toda la historiografía del arte universal que, seguro habrán acudido alguna que otra vez al uso del boceto, como base de una futura obra de la plástica en cualquiera de sus expresiones: de la pintura, del propio dibujo, el dibujo humorístico y las ilustraciones, de la escultura en sus múltiples usos de técnicas y materiales, del diseño en sus tantas variantes de expresión, de la fotografía y del grabado en todas sus formas de abordajes gráficos, de la instalación y la performance, del video en todas sus especialidades, o de la arquitectura.

Tendremos que seguir descubriendo (no nos cabe duda, ante la negación casi constante de su propia valía en el tiempo) esas historias escondidas del boceto artístico, para llegar a su definitivo reconocimiento; aunque el mercado del arte se nos haya adelantado.

La exposición del Premio UNEAC 2021 de Artes Plásticas, dedicada al boceto artístico en esa oportunidad, se encargará (no obstante) de otorgarle un especial toque de  distinción al uso de esta imprescindible y útil arma de trabajo para todos nuestros artistas.

Quizás estos criterios puedan entenderse como limitados en su acepción temporal. Pero, todo lo contrario (a no ser por las precisiones en cuanto a la realización de citado evento), no podría calificarse de tal modo; sino como el posible recuento, con verdades y especulaciones, del boceto artístico desde los tiempos remotos de la prehistoria hasta la más actual contemporaneidad.

Se concretaría así la posible historia de ese documento dibujado que, como apuntan Rilke y Roger-Marx, poseen las «formas extendidas, a cuyo alrededor nacen el sueño y círculos de sueño», o «que contiene la sustancia de una gran obra».



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