Sin duda alguna, al cubano Leonardo Acosta (1933-2016) se le tiene como musicólogo de fecunda y coherente trayectoria. Comprobar tan categórica afirmación, resulta fácil. Solo es necesario adentrarnos en su obra, merecedora de los premios nacionales de Literatura y Música.
Títulos como Música y descolonización, Del tambor al sintetizador, Elige tú que canto yo, Descarga cubana; o el Un siglo de jazz en Cuba, dan fe de su competencia como ensayista, al tiempo que resultan textos imprescindibles para la comprensión del devenir musical americano.
Entre sus escritos, un pequeño libro destaca por su particular visión: la selección de ensayos Móviles y otras músicas, publicado por Ediciones Unión en 2010.
Con total armonía, este volumen reúne el estudio de tópicos aparentemente distantes del quehacer musical. Sin embargo, la propia secuencia de ensayos propone un nuevo orden de los fenómenos y del discurso historiográfico oficial.
Abre con el análisis de la creación académica. A través de las obras de Harold Gramatges y Julián Orbón, examina las particularidades compositivas de estos maestros, además de sus escenarios culturales y las interrelaciones con artistas de otras latitudes.
Desde este enfoque, Leonardo Acosta cuestiona determinados cánones establecidos por la musicología y propone una línea de pensamiento más consistente con la praxis social.
Por este camino entronca con la musicología hispanoamericana mediante la reseña de La música, lo cubano y la innovación, de Leo Brouwer; y La música como proceso histórico de su invención, del musicólogo español Adolfo Salazar. Este último, resultado como pretexto para abordar (de manera crítica) esta cimera figura que tanta influencia ejerció en la música y el pensamiento musical del continente en el siglo XX.
Luego, pone luces sobre el compositor Edgar Varese, todavía tan desconocido del público en general, como admirado por todos los artistas. Del genial francés afirma: «fue el hombre que en mayor medida revolucionó la obra del siglo XX» y, al examinar el impacto de su obra, nos adentra nuevamente en la creación cubana y americana.
De igual modo, la pericia de Leonardo Acosta como entrevistador queda registrada en tres diálogos con Sergio Vitier, Electo Silva y los protagonistas principales de la Nueva Trova. Así, la canción y la guitarra, hermanadas desde disímiles formas de hacer crecen desde la polémica suscitada en las enriquecedoras pláticas.
Inmerso en el universo del trovar concluye el libro. Y este quehacer lo explora, analizando sus conexiones procesuales. Así, la canción y el son, la trova, el filin y el jazz, son recontextualizados en las figuras y entornos cardinales de su historia.
Y no es un azar. Es la acertada visión historiográfica de este musicólogo, que abonó con múltiples sustancias, su competencia como compositor: una aguda capacidad reflexiva, una honestidad intelectual a toda prueba y una destreza comunicativa; que proviene, no solo de su experiencia en el universo de las letras, sino de su ejercicio como músico. Leonardo Acosta llevó la música en la médula.
La respuesta será enviada a su correo electrónico y publicada en éste espacio.