Durante el siglo XIX, el mundo vio surgir a Richard Wagner como uno de los más grandes compositores de la historia. Resulta curioso valorar su quehacer desde la óptica de uno de los pensadores más relevantes: Friedrich Nietzsche.
En 2003, gracias a la gestión de la Biblioteca Nietzscheana bajo la dirección de Jacobo Muñoz, la Editorial Biblioteca Nueva publicó en Madrid el texto Escritos sobre Wagner, con introducción, traducción y notas de Joan B. Llinares; que entre otros escritos, incluye El caso Wagner. Un problema para músicos, publicado originalmente en 1888 por la Editorial G. G. Naumann, en Leipzig.
Es posible apreciar la fascinación de Nietzsche por la música en sus reflexiones filosóficas acerca del arte. Pero, El caso Wagner, más que una valoración artística, constituye un material que analiza a su coetáneo a través un prisma comparativo.
Para el filósofo, el autor de Tristán e Isolda y Tannhäuser, era la muestra de la décadence. Por absurdo que suene, así se refirió Nietzsche sobre uno de los autores más vanguardistas, revolucionarios y transgresores que ha tenido el arte musical. Como toda expresión de un filósofo, esta tiene su fundamentación.
De tal modo lo asevera al decir que «yo soy, al igual que Wagner, hijo de esta época, es decir, un décadent: con la diferencia de que yo me di cuenta de que lo era y me puse en contra, defendiéndome. El filósofo que hay en mí se puso en contra y se defendió».
En cambio consideró como sublime a la Carmen de Georges Bizet, compositor igualmente del siglo XIX, pero con un discurso operático muy diferente al de Wagner. ¿Juicio estético? Tal vez. Pero el libro Escritos sobre Wagner, y las reflexiones que contiene, son una referencia obligada para filósofos, músicos y amantes del arte en general.
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