Por su notoriedad, reconocimiento e influencias, Federico García Lorca fue el poeta más importante de la literatura española del siglo XX; por lo cual, cuando en 1936 (con solo 38 años de edad) fue víctima de un complot político y murió fusilado en un sitio de Granada tan impreciso que aún se desconoce el paradero real sus restos, todos se conmovieron con el brutal asesinato; y, a pesar de los esfuerzos de sus verdugos franquistas por atenuar los hechos, el mundo artístico sufrió explícitamente la arbitraria pérdida de un escritor tan brillante como fecundo.
Unos meses más tarde, el 14 de noviembre de 1936, en un acto auspiciado por la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, el Frente Popular Español y la Juventud Comunista de México se estrenaría en el Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana la obra Homenaje a Federico García Lorca de Silvestre Revueltas (1899-1940) siendo uno de los primeros músicos en mostrar así su repudio ante el perverso asesinato, a la vez que tributo sincero al poeta granadino.
La creación es una suerte de poema sinfónico toda vez que carece de forma rígida, pero al estar estructurado en tres partes: Baile, Duelo y Son, se emparenta de alguna manera con la disposición de una sonata tripartita.
Con marcada influencia del folklore mexicano, resulta clara expresión de duelo popular, en congruencia con la ambivalente actitud que los mexicanos tienen hacia la muerte, en la que el luto en los velorios se amalgama con la invocación del fallecido y la celebración por su vida. Esta auténtica muestra de sus raíces, en combinación con el sincero dolor, dio como fruto una de las creaciones más importantes de todo el catálogo autoral de Silvestre Revueltas
El tratamiento del ostinato (repetición de un mismo dibujo melódico o rítmico) gobierna y promueve texturas claras y simples, por encima de cualquier otro medio expresivo, y los allegros satíricos y populacheros reafirman la característica que otorga el folklore mexicano al hecho mortuorio.
Homenaje a Federico García Lorca fue escrita para orquesta de cámara integrada por piccolo, clarinete en Mib, dos trompetas, trombón, tuba, tamtam, xilófono, piano, dos violines y contrabajo, y es precisamente la ausencia de maderas graves, violas y violoncelos, lo que evoca una banda de pueblo mexicana o el sonido de música indígena.
En su momento, Juan Marinello rememoró que Silvestre Revueltas «sentía una profunda admiración por Federico, del que gustaba recordar con frecuencia los versos mejores. Por algunas semanas vivió Revueltas en una alucinación meditabunda, inmerso en el ámbito lírico de Federico, al que la muerte absurda ofrecía una profunda luz».
Y del mismo modo, a propósito de la obra, testimonió el pensador: «cada vez que oigo el lamento de Silvestre a la muerte de Federico se me hace más afilado, más heridor, el relieve de su mensaje. No hay dudas de que sólo el pueblo puede engendrar este grito contenido, este desgarramiento de viejas raíces destrozadas; pero sólo una sensibilidad de suprema jerarquía puede alumbrarnos este tesoro soterrado».
Homenaje a Federico García Lorca de Silvestre Revueltas se estrenó en Cuba el 18 de febrero de 1951, en el Teatro Auditórium de La Habana, bajo la dirección de Guillermo Espinosa.
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