Más allá de ser considerado un verdadero genio, los biógrafos de Ígor Stravinski aseguran que trabajaba arduamente por más de diez horas cada día de la semana y que su refugio personal guardaba un orden riguroso e inviolable.
También relatan que exigía un silencio absoluto para componer o pensar, y la idea de que alguien pudiera escucharlo cercenaba totalmente sus capacidades. De hecho, aunque sus dotes como pianista eran notorias, actuar ante el público ponía sus nervios al descubierto y (más de una vez) esto provocó que en medio de una presentación olvidara las notas que había escrito.
Fuera de lo anecdótico, con su primera composición logró impresionar al famoso empresario Serguéi Diáguilev; y tanto, que le encargó la creación de tres piezas para los Ballets Rusos: El pájaro de fuego (1910), Petrushka (1911) y La consagración de la primavera (1913).
De tal manera, el joven compositor expuso ante el mundo la fuerza arrolladora de su estilo personal y (sobre todo) la nueva era musical que se abría paso con estas partituras, al punto de que considerar aquel último como «el más famoso escándalo en la historia de la música» a juzgar por las reyertas físicas y las controversias conceptuales que suscitó.
Y ciertamente estas tres brillantes partituras fueron revolucionarias en varios aspectos, sobre todo por lo tonal, y aunque los críticos condenaron frenéticamente al compositor ruso, no pudieron impedir que muchos músicos empezaran a imitarlo.
Después llegaría una música más tradicional, apegada a sus raíces, y también un retorno a las formas clásicas de los siglos XVII y XVIII. De tal manera, enmarcado en el estilo neoclásico, abandonó las grandes orquestas para volcarse en obras de cámara como Las Sinfonías de instrumentos de viento y el Octeto para instrumentos de viento.
En 1951 con su ópera The Rake's Progress, Stravinski cerró esa etapa y dio paso a un último estilo dentro de su amplia producción, caracterizado por el empleo de la técnica dodecafónica a partir de la cual sobresaldrían su Cantata y Tres canciones de Shakespeare.
Igor Stravinski se mantuvo componiendo hasta avanzada edad y cuando falleció en la ciudad de Nueva York el 6 de abril de 1971, a los 88 años, en su catálogo se contaban más de siete mil obras de diversos géneros y disímiles formatos. Empero, más que considerarse uno de los compositores más prolíficos de la historia, es (sin discusión) uno de los más influyentes y trascendentales del pasado siglo XX.
La respuesta será enviada a su correo electrónico y publicada en éste espacio.