Inspirado en la deidad afrocubana de Changó, Eduardo Córdova creó el Tambor de Siete Bocas, una pieza organológica sin igual.
En la sede de la Compañía Habana Compás Dance las paredes llevan la firma del músico, constructor de instrumentos de percusión y artista de la Plástica. Cada imagen sonora, tallada, o en pincel, es resultado del ingenio de este creador.
Allí, uno de los ejemplares más curiosos, es el Tambor de Siete Bocas. El símbolo predominante en su construcción es el batá, como uno de los principales antecedentes e influencias del mismo, junto a otras particularidades comunes con los instrumentos percutidos yuka y arará.
Los materiales empleados son el cedro, como madera fundamental, el metal para los herrajes de afinación, y el cuero de vaca y de chivo para las membranas. La trincha, la barrena de mano, el hacha y la lija, son las herramientas de trabajo empleadas por Córdova.
El proceso comienza desde un tronco virgen que se mantiene entero, enlazando como unidad al Siete Bocas, con lo cual, desde las herramientas hasta las técnicas constructivas, son únicas en este ejemplar.
Es frecuente en el estilo de Córdova que el exterior de los instrumentos de percusión que construye esté diseñados por un tallado de rostros y figuras de deidades, cual expresión visual de su imaginación, y el Tambor de Siete Bocas no es la excepción.
Además de simbolizar a Changó, muestra a la vez de su identidad como artista y cubano, «también expresa el grito del negro africano que llegó a Cuba, maltratado y despojado de todos sus bienes materiales. Es como un gesto de dolor por esas historias de los negros africanos a su llegada a nuestro país», comenta el artista.
Es innegable la habilidad del percusionista al interpretar el instrumento. Son siete sonidos y requiere experiencia y dominio de los toques de batá (okonkolo, itótele e iyá), con la complejidad agregada del séptimo sonido que le otorga nombre.
Según Córdova, esta particularidad requiere de la independencia rítmica del intérprete, para ejecutar el séptimo sonido e improvisar a las diferentes deidades afrocubanas sobre la base de los ritmos.
Para el proceso de enseñanza-aprendizaje, el Siete Bocas carece de notación musical. Aun así se ha insertado en diferentes géneros como el son y el jazz, e incluso sus parches sonaron junto a la Orquesta Sinfónica de Italia.
El Tambor de Siete Bocas es la concreción de los sueños y las imágenes que habitan en la mente de este creador. Las cualidades organológicas y la talla en madera son resultado de su formación musical, experiencias y conocimientos adquiridos.
No existen mejores palabras para describir la labor de Córdova que las propias: «Siempre he trabajado con las imágenes que me vienen a la mente. Las figuras siempre han sido materializadas desde mi mente hacia mis manos», asegura.
La respuesta será enviada a su correo electrónico y publicada en éste espacio.