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Del crucifijo y la espada al pentagrama

André-Cardinal Destouches. Foto: Internet

El  evento bélico conocido como Asedio de Namur (1692) fue un capítulo importante de  la Guerra de los Nueve Años librada por Francia y la Liga de Augsburgo entre 1688 y 1697.  Las fuerzas francesas, aunque encontraron resistencia durante 36 días, lograron la rendición  y la entonces  ciudad belga  de Namur pasó a formar parte del territorio galo liderado por Luis XIV.

En aquel cuerpo de mosqueteros creado desde 1622 por Luis XIII, que con su poderoso regimiento de infantería y caballería  formó parte del despliegue militar francés, participó André-Cardinal Destouches (1672-1749), que si hubiera terminado sus días como uno de los  mosqueteros del rey, probablemente su nombre se hubiera diluido en las incontables páginas del anonimato.

Hijo de un rico comerciante, fue enviado  al colegio Louis-le-Grand para ser educado por los jesuitas, y en estas funciones cumplió su primera y única misión en Siam (actual territorio de Tailandia), en 1687. 

Pronto descubrió que la idea de ser misionero no lo hacía feliz  y de regreso a Francia, al año siguiente, se  integró a los mosqueteros  creyendo que empuñar la espada y defender al rey se convertiría en su razón existencial. Así partió a Namur, y aunque su ejército resultó victorioso, André-Cardinal Destouches no logró su triunfo personal. De modo que  abandonó el ejército en 1696.

Su interés por la música (que probablemente había sentido desde pequeño)  lo condujo entonces  a buscar la tutoría del compositor André Campra, uno de los más respetados del momento, y en menos de un año (sorprendiendo por sus habilidades) el tutor lo invitó a formar parte de la producción de la obra La Europa Galante con la creación  de  tres arias.

Aquella daría de qué hablar, por el resonante éxito obtenido (que indujo a su reposición  periódica hasta 1775) y, sobre todo, porque se convirtió en la primera ópera ballet de la historia.

A continuación, su carrera inició una escalada  meteórica, comenzando en 1697 por la presentación ante el Rey de su  ópera prima en tres actos Isse en la Real Academia de Música. Luego llegaron otros títulos igualmente célebres como Amadís de Grèce, Marthésie, Omphale, Le Carnaval & la Folie, Télémaque & Calypso, Sémiramis o Les élémens y Les stratagèmes de l´amour; acompañados por los nombramientos de inspector general en 1713 y finalmente director en 1728 de la Ópera de París.

En su tiempo, André-Cardinal Destouches fue considerado un verdadero prodigio de flexibilidad dramática y, con sus obras escénicas, preparó el camino para la independencia melódica y armónica que desarrollarían  los compositores posteriores.

Además de su catálogo operático,  también compuso música sacra y (aunque una gran mayoría de estas obras está perdida) se conoce que era interpretada  en los  Concert Spirituel de  París que a partir de 1725 promovieron  el entretenimiento en fechas como Pascuas y días festivos  religiosos, toda vez que estaban  cerrados los teatros.

Si bien, con su muerte,  sus obras cayeron luego en el olvido y el  rescate  de su música todavía hoy resulta exiguo y lento; desde la historia, su figura constituye el eslabón irreemplazable   entre  el mundo musical francés de Jean Baptiste Lully  (1632-1687) y Jean Phillipe Rameau (1683-1764), lo que induce a pensar que  André-Cardinal Destouches encontró por fin su  verdadera vocación.

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