Por siglos, los matrimonios reales europeos fueron concertados para crear y reforzar las relaciones entre las monarquía por esas uniones, de las que se relata la creación de composiciones escritas especialmente para acompañar esas nupciales en todas las épocas.
Una en particular exhibe importancia para la historia de la música a partir del 25 de enero de 1858, al marcar un punto de inflexión en la selección de las obras, colocando a dos compositores alemanes como los elegidos para imponerse en este tipo de acontecimientos, ya fueran reales o plebeyos.
Ocurrió en la boda de la princesa Victoria de Inglaterra con el príncipe Federico III de Alemania; y, a partir de ese día, se comenzó a tocar la Marcha Nupcial que Félix Mendelssohn (1807-1847) incluyó en su pieza incidental El sueño de una noche de verano.
Es esta una melodía que, por su tempo, se adapta inmejorablemente al paso de la novia y su cortejo en su camino hacia el altar.
Bien conocido es que la princesa Victoria de Inglaterra seleccionó ambas obras para su casamiento.
Específicamente, en el caso de la partitura de Mendelssohn, se debe a que la infanta admiraba profundamente la obra de este; siempre muy bien acogido en Inglaterra como compositor, director y pianista, que en sus diez viajes realizados a este territorio estrenó un buen número de sus partituras más relevantes.
Sin embargo, algunas fuentes británicas aseguran que no fue esta la primera vez cuando la partitura de Mendelssohn tuvo su introducción en una ceremonia nupcial.
Años antes, en 1847, el británico Samuel Reay (1828-1905) que para entonces era el organista de la iglesia parroquial de Tiverton, en Devon, arregló para órgano la reducción para dos pianos que acababa de publicar la firma editorial Novello Ewer and Cia y ejecutó dicha versión durante un casamiento.
Para la salida de los novios, al concluir la ceremonia, la princesa Victoria de Inglaterra seleccionó el Bridal Chorus o «coro nupcial» de la ópera Lohengrin de Richard Wagner (1813-1883).
Lo cierto es que desde entonces, miles de personas (sobre todo en el mundo occidental y con independencia de la clase social a la que pertenecen), han dado el «sí quiero» acompañados por Mendelssohn y Wagnern; otorgándole a ambas melodías, la naturaleza de tradición dentro de las ceremonias nupciales.
Más recientemente, un documento papal fechado el 22 de noviembre de 2003 obliga a los obispados a establecer una normativa adecuada para «purificar el culto de impropiedades de estilo, de formas de expresión descuidadas, de músicas y textos desaliñados y poco acordes con la grandeza del acto que se celebra».
Y, para adecuarse a la exigencias vaticanas, muchas diócesis han aprobado normas concretas en las que se establece, por ejemplo, que no habrá música de fondo durante el rito del matrimonio, ni al final del consentimiento de los novios ni durante la firma de los testigos.
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