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De los orígenes a la consagración

Béla Bartók. Foto: Internet

A lo largo de su vida Béla Bartók fue compositor, pianista, coreógrafo, profesor, musicólogo, etnomusicólogo, recolector de música popular y entomólogo. De su infancia se recuerda que era el clásico niño prodigio que ejecutaba decenas de piezas en el piano con escasos cuatro años de edad, y con nueve, ya creaba sus primeras composiciones.

Nació el 25 de marzo de 1881 en una región del Imperio Austrohúngaro, justo donde se mezclaban elementos culturales rumanos, serbios y húngaros, que más tarde serían determinantes en la definición de su estilo musical.

Cuando contaba 17 años ingresó en la Academia de Música de Budapest, donde estudió piano y composición. Poco después descubrió al músico (también húngaro) Zoltan Kodaly, quien ya se había interesado en el estudio de la música folklórica y tradicional magiar de los campesinos y granjeros de este territorio.

En   1904, Bártok escuchó fortuitamente a una joven de Transilvania entonar varias melodías folklóricas y, a partir de entonces, su pasión y entrega se fundieron en la gran misión de su vida; y junto a Kodaly emprendió una meticulosa labor de recopilación de ritmos y melodías autóctonas, para sentar las bases de la etnomusicología, tal y como hoy la conocemos.

Entre tanto, Bartók ya había creado varias obras de interés, como piezas para piano y obras orquestales con influencias de Johannes Brahms, Richard Strauss y Claude Debussy; y   en especial, su poema sinfónico Kossuth, dedicado a un héroe de la revolución húngara de 1848, le otorgó cierta reputación como compositor. Sin embargo, su primera obra con elementos marcadamente folklóricos fue el Cuarteto de Cuerdas No. 1 de 1908.

Ese mismo año y muy a tono con el apogeo de los movimientos nacionalistas europeos,  Bartók y Kodaly recorrieron zonas rurales de Hungría y Rumanía, y además de recopilar una gran cantidad de música autóctona arribaron  a la conclusión de  que la música magiar había sido catalogada erróneamente como música zíngara.

A partir de entonces, incluiría elementos populares en sus composiciones de manera explícita, apelando directamente a las fuentes originales folklóricas, como en la antología de ochenta canciones: Para Niños para piano solo. Luego llegaron Tres canciones populares húngaras, su única ópera: El castillo de Barba Azul,   los ballets El príncipe de madera y El mandarín maravilloso, dos sonatas para violín y piano, varios cuartetos de cuerdas y sus primeros volúmenes de Mikrokosmos, que se enmarcan en una segunda etapa.

Aunque para 1935 Bártok era un reconocido compositor en Europa, nunca aceptó que sus obras fueran interpretadas ante los nazis, así que en 1940 emigró a Estados Unidos donde fue muy bien acogido por su labor como etnomusicólogo y por su talento como pianista. Sin embargo, sus partituras no eran muy conocidas y no fueron debidamente reconocidas, lo que propicio que su situación financiera comenzara a empeorar al mismo tiempo que surgieron los primeros síntomas de la leucemia.

Su último concierto ocurrió en 1943 y a partir de entonces su precaria salud solo le permitió dedicarse a componer. A esta etapa pertenecen sus Concierto para piano No. 3, Cuarteto de cuerdas No. 6, Concierto para Orquesta, Sonata para violín solo y su Concierto para viola, inconcluso.

Además de ser uno de los compositores más trascendentes del siglo XX, Bartók fue pionero en la investigación musicológica sobre el folclore de su país, cuyo afán por descubrir cuál era la razón del atractivo de la música tradicional húngara le llevó a investigar sobre sus orígenes, y logró reunir 12 volúmenes que contienen 2700 partituras de origen magiar, 3500 magiar-rumanas y varios cientos de origen turco y del norte de África.

Fue también un naturalista empedernido llegando a poseer una amplia colección de plantas e insectos.

Béla Bartók murió con 64 años el 26 de septiembre de 1945, a causa de la leucemia, en la ciudad de Nueva York. Varios años después, sus restos fueron trasladados a Budapest, y allí recibió los honores correspondientes a un funeral de Estado.

Actualmente existen dos certámenes internacionales en Hungría dedicados a la figura de este gran compositor e investigador: Concurso para compositores, patrocinado por la Academia de Música Lizst-Ferenc de Budapest, y Competencia de Coro Internacional Béla Bartók en la ciudad de Debrecen.


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