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De lo teatral en la obra de Lecuona

Antiguo registro fonográfico de La comparsa de Lecuona. Foto: Internet

Por su fuerte latencia la música de Ernesto Lecuona disfruta de la alquimia propia de la dramaturgia. Sus melodías tienen una inmanencia rítmica que dentro de las sonoridades confiesa una extraña y a la vez gozosa acentuación que regocija y alerta por lo formidable del dinamismo adecuado para la práctica escénica.

Se trata de un suceso centrífugo que parte de lo musical y lo extiende, se emancipa de ello y alcanza  vivencias, emociones por  la autonomía de la experiencia creativa.   

Por su dimensión performativa en tanto configura sugerencias espacio-temporales y kinésicas, la música toda de Lecuona puede verse como acto discursivo y también gestual.

Tenemos muy a la mano el fidedigno exponente que es La comparsa. No recurramos a las danzas para piano donde es más evidente la subjetividad y la subjetivación de la recepción sonora.

Tener una idea del carnaval no es suficiente para lograrlo dramatúrgicamente, hay que saber de desmesuras y austeridades, hay que adentrase en la simbólica del carnaval: interpretación y posesión como sustanciales recursos para la fijación de la lógica interna de la fiesta callejera.  

La comparsa
tiene una  particular sintaxis sonora capaz de evocar el carnaval con toda su significación: llega, está, se va, se queda como un eco: he ahí lo que es una comparsa.

Como texto La comparsa no es algo estático para sentarse a oír solamente.  Toda la música de Lecuona es de potente calidad sonora performativa, los significantes en su materialidad, sensual y sensorialmente, figuran, encarnan,  simbolizan como en puesta en escena donde todo está en funcionamiento.

¿Qué nos pasa cuando escuchamos Ante el Escorial? ¿Acaso no nos invade un ejército indetenible de imágenes visuales por la sorprendente potencia sinestésica de la melodía que nos hace ver la música?

Por el modo de existencia sonora y por el funcionamiento de su circulación discursiva, por la transdiscursividad como dispositivo significante la música de Lecuona ha sido de efervescente singularidad en las artes escénicas.

La música de Lecuona es de una humanidad ecuménica desde lo cubano más raigal.  No obstante los fluctuantes paradigmas de la dramaturgia siguen aristotélicamente la ecuación acción-tiempo-espacio donde la centralidad de lo humano es lo seminal dramatúrgico, el resto podrá ser decoración o trastienda innecesaria.

La dramaturgia no está únicamente en la literatura dramática sino que resulta también un modo o práctica procedimental en la concepción y montaje de una puesta en escena.

La identificación de la teatralidad con la dramaturgia y viceversa está en la potencia crítica que sostiene a ambos conceptos, si tenemos en cuenta que hay muchas dramaturgias y muchas teatralidades. ¿Cuál es la de la música de Lecuona?

Las materialidades que conllevan tanto la dramaturgia como la teatralidad no están en horizontes diferentes, subyace en ambas la obligada recepción que es capaz de desatar, desde la percepción sensorial, un torrente de emociones y declarar identidades tanto individuales como sociales, siempre dentro de estrategias comunicacionales seductoras.

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