En una lectura rápida, el término canzona pudiera devenir sinónimo de canción, teniendo en cuenta que en sus orígenes (ubicados en la Italia del siglo XVI) aquella era una transcripción para órgano de piezas vocales, específicamente de canciones francesas o chansons.
Todo parece indicar que la canzona, al igual que la sonata, fueron entonces expresiones que (aun pareciendo distintas) eran utilizadas para designar realidades idénticas; ello, atendiendo a que el término sonare en italiano era traducido en España a comienzos del siglo XVI como sonada, para definir la música destinada a ser interpretada con instrumentos; al igual que el caso de la canzona.
Es muy probable que los primeros ejemplos instrumentales sean transcripciones para laúd de Melchiore de Barberiis, incluidas en su quinto libro de Intabulatura de lauto, o de otros laudistas como Doménico Bianchini, Francesco da Milano y Antonio Rotta; aunque lo cierto es que estas obras no alcanzaron notoriedad alguna en el repertorio para cuerdas.
Otro ejemplo de canzona parece haber sido creado para conjunto instrumental y se trata de una pieza de cinco partes titulada La bella: canzone da sonare, ubicada en el quinto libro de Nicolò de Vicentino (1511-1576).
Lo cierto es que a principios del siglo XVII, canzona, sonata, sinfonía y concierto, fueron términos intercambiables en gran medida; y, de modo general, el denominador común era únicamente su pertenencia al ámbito de la música instrumental, como lo demuestran numerosas composiciones de esta época como Sonate overo Canzoni concertate (Sonata o Canciones concertantes) de Tarquinio Merula, publicada en 1637.
Un punto interesante en el desarrollo de este género musical independientemente de los modelos vocales, lo ocupa Claudio Merulo (1533- 1604), reconocido justamente por sus innovaciones en Canzonas para teclado; y si bien, en sus primeros ejemplos publicados en 1592 encontramos transcripciones de chansons, en los dos volúmenes siguientes de 1606 y 1611 respectivamente, estas fueron adquiriendo un perfil propio en el intento de alzarse como una forma emancipada dentro de la música para teclado.
No fue hasta mediados del siglo XVII que, a través de la estructuración en movimientos, en la canzona comienza a notarse la delimitación del género que comenzó a llamarse entonces sonata, tal como se demuestra en las Sonatas para violín o corneto o Sonata y Dos Canciones para flauta dulce y bajo continuo compuestas por el violinista Biagio Marini (1594-1663); y un poco después, con otra importante figura de transición: Maurizio Cazzati que, en su abundante producción instrumental compuso la sonata La Brembata 8 Op. 15 y la sonata Bianchina Op. 35, desvinculándola de la canzona; genero del cual también compuso varios ejemplos.
La creciente especialización de estas y otras piezas instrumentales afines hizo que la canzona acabara con las huellas de la antigua chanson instrumental, a la vez que colocó la primera piedra sobre la que se cimentaron las bases de la Sonata da Chiesa.
Esta, por su parte, interpretada en los predios de las iglesias y en contraposición con la Sonata da Camera, pensada para recintos camerales, fue la precursora del género sonata que conocemos hoy; y fijó su definición con los ejemplos de Ludwig van Beethoven a principios del siglo XIX, que luego ampliarían numerosos compositores para diversos instrumentos y formatos, hasta nuestros días.
La respuesta será enviada a su correo electrónico y publicada en éste espacio.