Donde tuvo su última sede el Conservatorio Hubert de Blanck, el 21 de octubre de 1955 ocurrió la representación de Hechizados, de John Vam Drutten.
A partir de ese momento devino espacio para el desarrollo y posicionamiento de la vanguardia cubana en las artes escénicas, convirtiéndose en parte de la historia del teatro latinoamericano y, bien podríamos reconocer, de la historia del teatro en nuestro idioma durante el siglo pasado.
Muchos asocian a Teatro Estudio con la sala Hubert de Blanck, tal vez porque desde 1966 la agrupación tuvo como sede este espacio, hasta 1991 que, como desprendimiento del colectivo capitaneado por Raquel Revueltas, surge la Compañía Teatral Hubert de Blanck bajo la dirección de Orietta Medina, maestra categórica del teatro cubano.
Por ello, el 21 de abril, la Compañía Teatral Hubert de Blanck cumplió sus treinta años.
Durante estas tres décadas hemos podido ver en ese escenario lo mejor de nuestro teatro. No hay vez que no entre a la acogedora sala y me invada la nostalgia por aquellos tiempos donde con tanta frecuencia teníamos puestas en escenas dirigidas por Berta Martínez o Abelardo Estorino. Recuerdo que en 1994 Carlos Díaz montó El Público de García Lorca, que luego le daría el nombre a la compañía que hoy tenemos en el Trianón.
Fue una dicha haber visto los estrenos de Parece Blanca, Morir del cuento y El baile de Estorino, o El cartero de Neruda de Antonio Skarmeta con dirección de Orietta Medina, creo que la mejor representación que he visto de esa obra; y ni hablar de La verbena de la paloma y El tío Francisco y las Leandras por la tremenda actriz y arriesgada y certera directora Bertha Martínez.
Y además, debo decir que de las últimas entregas que he visto de este colectivo, debo destacar Romeo y Julieta dirigida por Fabricio Hernández, que me puso de pie, sobre todo por la pureza con que, de manera general, se alcanza la expresión del drama shakesperiano.
En estos treinta años de trabajo, la Compañía Teatral Hubert de Blanck ha tributado con esmero al teatro cubano y a la memoria del músico holandés del que toman, curiosamente, el nombre; pues no deja de llamar la atención que un colectivo teatral lleve el nombre de un músico. Pero ese músico, entre nosotros, estuvo y fundó mucho, entre otras cosas inspiró la construcción de una de las salas de teatro más historiadas en el país.
La respuesta será enviada a su correo electrónico y publicada en éste espacio.