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Censurada pero brillante

Javier Camarena y Antonino Siragusa en el rol del duque de Mantua. Foto: Internet

Rigoletto, El Trovador y La Traviata integran la trilogía operática concerniente al periodo intermedio del catálogo de Giuseppe Verdi.  Del estreno de la primera en el teatro La Fenice de Venecia, el 11 de marzo de 1851, transcurrieron 170 años; pero todavía se recuerda como punto de inflexión en las temáticas de sus piezas liricas que, en su etapa anterior, estuvieron marcadas por la recurrencia a los asuntos de corte histórico.

Cuando la concibió, Verdi era un prestigioso compositor de 37 años de edad, reconocido por títulos como Nabucco (1842), Ernani (1844) y Macbeth (1847), entre sus más exitosas operas; pero con Rigoletto mostró su madurez, originalidad y sobre todo, su interés en hurgar en temas realistas y en la psicología de sus personajes.

Aunque en 1849 recibió varias propuestas para su libreto, Verdi se decantó finalmente por llevar al pentagrama El rey se divierte de Víctor Hugo; a pesar de que, al día siguiente de su estreno: el 22 de noviembre de 1832, la pieza teatral del francés había sido prohibida y acusada de inmoral por su contenido antimonárquico.

«Hay un libro que, si la policía lo permitiese, sería una de las más grandes creaciones del teatro moderno. La obra es grande, inmensa y tiene un personaje que es una de las más grandes creaciones del teatro de todas las épocas y de todos los países. La obra es Le Roi s’amuse y el personaje del que te hablo es Tribolet», escribió Verdi a Francesco Maria Piave, quien sería finalmente el libretista de Rigoletto.

Así que, considerando a Tribolet una creación digna de William Shakespeare, no cejó en su empeño de musicalizar la pieza. Sin embargo, el permiso costó tiempo y esfuerzo, hasta que el 11 de diciembre, luego de varias mutilaciones al libreto original escrito por Piave, Verdi comenzó la labor de entretejer música y drama.

No obstante, la censura obligó a cambiar nombres, roles y personajes; y el rey, que en la obra original se mostraba disoluto y obsceno, fue intercambiado por el Duque de Mantua, dejando claro  que aquella  postura no podía corresponder a un monarca. Verdi se mostró en desacuerdo con las estas mutilaciones catalogándolas de ridículas y aseguró que difícilmente la pieza se alzaría con el éxito.

Luego de la primera tanda de representaciones, perfiló algunas cuestiones musicales, aunque el libreto ya se mantendría inamovible. Musicalmente brillante, Rigoletto pone a flote todas las pasiones humanas desatadas, así como el conflicto entre energía desbordante y oscuridad trágica implícito en la historia.

Hoy es una de las más representadas del repertorio operístico a nivel mundial, y su aria La donna e mobile (perteneciente al tercer acto), es probablemente una de las más famosas creaciones para tenores, de toda la lírica universal.


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