El piano, además de ser uno de los instrumentos más populares, es también responsable de haber creado extraordinarias leyendas a través de sus grandes intérpretes.
Durante los siglos XVII y XIX muchos notables pianistas fueron también reconocidos compositores y directores de orquesta, como Franz Liszt y Félix Mendelssohn, entre otros; pero en el siglo XX, si bien algunos continuaron desarrollando paralelamente estas labores, otros se han dedicado fundamentalmente a volcar sobre el teclado todo su talento musical.
Alfred Brendel, una de las grandes leyendas vivas del instrumento (que abandonó los escenarios en 2008 tras 60 años gloriosos), asegura que aunque nunca le interesó ser director de orquesta, aprendió más de ellos y de los cantantes que de los propios pianistas.
Nacido el 5 de enero de 1931 en la República Checa, vivió una primera etapa difícil, marcada por los acontecimientos relacionados con la Segunda Guerra Mundial. Entretanto, y de manera esporádica, recibió lecciones de piano de Edwin Fischer y Eduard Steuermann; aunque se considera autodidacta.
Su primera aparición pública tuvo lugar en 1948 en la ciudad austriaca de Graz y en ella incluyó piezas de Johann Sebastian Bach, F. Liszt, Johannes Brahms y de su propia autoría. Al año siguiente, se presentó en el reconocido concurso internacional de piano Ferruccio Busoni, en Italia; y si bien solo consiguió el cuatro lugar, el premio le proporcionó reconocimiento internacional, comenzando con la grabación de su primer disco que incluye el Concierto No. 5 para piano de Serguei Prokófiev.
A continuación registró para las firmas Philips Records y Vox Records una serie de fonogramas, incluidas las 32 sonatas de Ludwig van Beethoven, convirtiéndose en el primer pianista en grabar de forma íntegra estas obras.
A partir de entonces, Alfred Brendel permaneció en la élite de los grandes intérpretes por más de medio siglo, y su currículo lo sitúa entre los más afamados pianistas; sin embargo, nunca fue convencional, ni por su repertorio ni por su forma de interpretar; y su arte no era precisamente pensado para las mayorías, tomando como referencia que defendió las causas perdidas y necesitadas de impulsos; y encontró encanto y novedad en piezas olvidadas y autores desconocidos que otros no supieron apreciar.
Además de una abundante discografía se le reconoce como un poeta loable, exquisito ensayista musical y exponente de un humor fino y particularmente agudo, tanto a la hora de ejecutar la música como en su vida cotidiana.
Es autor de numerosos ensayos, varios libros de poesía y especialmente El ABC del pianista, tratado donde presenta un interesante recorrido musical en orden alfabético con términos, autores, intérpretes y obras que configuran el universo del pianista actual con un lenguaje didáctico e ingenioso.
En el documental Man and mask, realizado en 2000 por la BBC y la ZDF (que deviene retrato de Brendel y de sus múltiples intereses, desde la literatura, las artes plásticas y sus amigos), aseguró: «No fui un niño prodigio. No soy judío, al menos hasta donde yo sé, ni provengo de ningún país del este europeo. Mis padres no fueron músicos. Tengo una buena memoria, aunque no excepcional. No soy muy bueno en solfeo. O sea, no sé por qué he triunfado en la vida como músico».
En una entrevista de 2015 comentó que su vida trascurría entre escribir, pasear, ver cine, leer periódicos y olvidarse del tiempo; ese tiempo, que durante décadas gobernó su música y su vida.
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