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Artes escénicas desde hace 183 años

Gran Teatro de La Habana. Foto: Internet

Este 15 de abril es de celebración para las artes escénicas. Hace 183 años se inició frente al capitalino Parque Central una continuada presencia de lo mejor del ballet, la ópera, la zarzuela y el teatro dramático. Desde allí, mirando primero para la estatua colonial de Isabel II y ahora para la venerada figura en mármol de José Martí no se ha dejado de hacer lo mejor de las artes escénicas entre nosotros.  

La Habana cuenta con lugares de sucesiones causales, diría Lezama Lima, pues por simpatía previa o por arte de birlibirloque, fueron destinados sus espacios para la perdurabilidad del ritmo y el destino de las artes escénicas.

Así, el siglo XIX capitalino fue pródigo para el teatro, del que surgieron tres empeños de considerable presencia en la historia sociocultural de la ciudad y del país entero.   
La esquina de Consulado y Virtudes fue signada para ello, cuando un catalán la compró para hacer una herrería y terminó siento el Alhambra y luego en nuestros días estuvo el Teatro Musical de La Habana.

Mientras, en los albores de la misma centuria, la cuadra de Galiano entre Neptuno y Concordia era un sembradío de verduras y frutas hasta que también los catalanes compraron el solar y montaron un salón para bailes y para hacer teatro.

Poco a poco, al pasar el tiempo y un águila por el mar, el lugar se convirtió en una de las sedes importante del teatro vernáculo y llegó a competir nada más y nada menos que con el Alhambra, con el suntuoso Teatro América que anda celebrando su 80 aniversario.

El otro espacio signado por las distinciones de la causalidad misteriosa fue el placer enyerbado de la esquina del Paseo del Prado y la calle San Rafael, frente al lugar donde estuvieron la Puerta de Monserrate y la plazoleta en que situó la estatua de Isabel II.

Allí, el todopoderoso Capitán General de la Isla de Cuba, Miguel de Tacón y Rosique, decidió que se levantara un coliseo que no tuviera nada que envidiarle a los mejores de Europa; y, dicen testigos de la época que el edificio se levantó con la estructura, elegancia y capacidad del teatro Real de Madrid y del Liceo de Barcelona.

Así tuvimos hace 183 el Teatro Tacón, inaugurado un 15 de abril, con la puesta en escena de Don Juan de Austria, protagonizada por el fundacional actor cubano Francisco Covarrubias.
Toda lo que decía valer y brillar más, la crema y nata de la aristocracia habanera, y cuanto extranjero que llegaba, carenaba en el elegante Tacón. Hubo una copla que proclamaba: «tres cosas tiene La Habana que causan admiración: El Morro, La Cabaña y la araña del Tacón», refiriéndose a la despampanante lámpara elevada sobre su platea.

Pero tanto como aquella, al Tacón lo identificó una acústica y condiciones técnicas que lo hicieron estar en la misma lista donde se situaba la Scala de Milán y la Opera de Viena, además de tener el privilegio de acoger al inventor italiano Antonio Meuci, quien construyó y probó allí su teletrófono, considerado el primer teléfono del mundo.

Y sucedió que en 1906 la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Galicia adquirió toda la manzana entre las calles de San José, San Rafael, Prado y Consulado para construir el Centro Gallego de La Habana, edificado entre 1907 y 1915, demoliendo el Tacón; y, en los planos del enorme monumento arquitectónico que hoy es el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, se concibió un teatro que es la actual Sala García Lorca.

Así es que 15 de abril en esa esquina de Prado y San Rafael hace 183 años se inició tan misteriosa persistencia de las artes escénicas: desde el Teatro Tacón al Gran Teatro, entre fulguraciones operantes de la cultura nacional.

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