Corría el año 2000 y una tentadora convocatoria llegó como oportunidad para jóvenes cantantes líricos en Cuba: la ópera Porgy and Bess de George Gershwin esperaba para su montaje en el país y presentarse en escenarios de Austria y España.
Acudirían jóvenes cantantes en formación, otros captados por su musicalidad y algunos que poseyesen nociones de canto; o amantes del género, y con ganas de cantar y hacer.
Resultó una tenaz labor para Octavio Cortázar, como director de escena, igual que para Enrique Pérez Mesa y Wolfgang Bosic, los directores musicales, lo que devino inicio de largas e importantes carreras de muchos de sus participantes.
La soprano Alioska Jiménez Jiménez, era una de aquellas noveles que aparecería entre las escogidas para desempeñar los roles protagónicos; a partir de sus condiciones musicales, que venían mostrándose en recitales y conciertos.
Se formó en estudios de viola y tras su graduación formó parte de la nómina de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana durante algunos años, dirigida entonces por los maestros Manuel Duchesne Cuzán, Roberto Sánchez Ferrer, José Ramón Urbay y Anarelys Garriga. Pero sus intenciones relacionadas con el canto fueron más allá del deseo.
Así que, gracias a su sólida base y altos empeños egresó años más tarde del Instituto Superior de Arte con diploma de oro en la especialidad de Canto Lírico.
La soprano Lucy Provedo y el tenor Adolfo Casas fueron los docentes encargados de llevar a feliz término su desarrollo profesional; en tanto, añadidos aportes le ofrecieron las enseñanzas de los también excelsos intérpretes Hugo Marcos, Mayda Prado y Gladys Puig.
Una vez asegurada su técnica, Alioska decidió participar en certámenes locales de canto lírico, en los que obtuvo jugosos resultados.
Fue Premio de interpretación en el Concurso Iris Burguet en su edición de 1998; y del mismo modo recibió los primeros galardones de los siguientes años consecutivos en el Musicalia, Mariana de Gonitch y el Rodrigo Prats, respectivamente; además del Gran Premio del Lecuona in memoriam en 2004.
Igualmente, mantuvo una presencia protagónica e imprescindible en el Coro de cámara Vocal Leo que dirige la Maestra Corina Campos, única agrupación polifónica cubana que trabaja a partir de los códigos de emisión lírica de la voz; por lo que el fuerte fogueo coral, atendiendo a interpretaciones de múltiples estilos, le proveyeron de un exquisito desarrollo vocal, musical y artístico.
De aquella época resultaron inolvidables sus interpretaciones de negros spirituals en escenarios del país y el extranjero, donde la soprano exhibía sus galas mayores, ganando las ovaciones del público y las mejores reseñas de los críticos.
Vino después una etapa de permanencia durante diez años en España, las que garantizaron una visión diferente, como la adquisición de otros conceptos técnicos-vocales, guiada por los maestros Ileana Cotrubas y Félix Lavilla, en repertorio y estilística.
Importantes eventos durante su estancia europea, tuvieron gratas recompensas para Alioska, entre los que destaca en 2007 el Tercer Premio en el Concurso Vissi D´Arte en Italia.
Asimismo, tuvo la oportunidad de interpretar roles protagónicos de Il Trovatore y Aída de Giuseppe Verdi; Gianni Schichi, Tosca y Sour Angélica de Giacomo Puccini; Cavallería rusticana de Pietro Mascagni o Don Giovanni de Wolfgang A. Mozart.
De igual modo, resalta su participación en la 67ª Quincena Musical de San Sebastián y la inauguración del Festival de Cine de San Sebastián en 2007, a través de tres actuaciones, acompañada al piano por el vasco Josu Ikiñena.
Su retorno a Cuba en 2015 marcó la incorporación de Alioska Jiménez a la nómina de solistas del Teatro Lírico Nacional de Cuba, dirigido entonces por el Maestro Roberto Chorens; resaltado por sus interpretaciones protagónicas en Tannhäuser de Richard Wagner y Dido y Eneas de Henry Purcell (estreno en Cuba como puesta en escena), añadiéndose Tosca de G. Puccini, y Carmen de George Bizet.
Su carrera como concertista es de altísimo valor, toda vez que antepone la lógica musical, el buen gusto y alta musicalidad en cada una de sus presentaciones, de ahí que ha resultado artista de empeños mayores para compositores como Beatriz Corona, José María Vitier, Roberto Valera, Juan Piñera y Leo Brouwer.
Y es que la constante superación es una de las armas que posee Alioska Jiménez. Tanto, que en 2017 se dispuso para recibir un ciclo de clases magistrales impartidas por los relevantes maestros estadounidenses Peter Mark y Lucy Arner.
En puestas y conciertos ha trabajado con Juan Amán, Andreas Baesler, Wolfgang Bosic y Andrei Maslakov; y otros como Daniel Noriega, Ubail Zamora y Helson Hernández; o dirigida musicalmente por E. Pérez Mesa, B. Corona, Corina Campos, Claudio Ribeiro, Stanislav Angelov, Felipe Aguirre, Nathalie Marin, Igor Corcuera, Jenny Padrón y Giovanni Duarte.
Así, se ha presentado con las orquestas sinfónicas Nacional de Cuba, de Guatemala y del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso; la Banda Nacional de Conciertos, y la Orquesta de la Ópera de Sabadell, Barcelona.
A la par, desarrolla una fructífera labor pedagógica, como integrante del claustro de la Academia de Canto del Conservatorio Amadeo Roldán, adjunta al Teatro Lírico Nacional de Cuba.
Así es como la sencillez, nobleza, perseverancia y constante superación hacen de Alioska Jiménez una presencia artística protagónica en el ámbito contemporáneo de la escena lírica del país. Sin embargo, teniendo en cuenta lo difícil que resulta desarrollar y pulir el registro de soprano dramática, no se acomoda. Prefiere asumir sus retos vocales y no acomodarse en interpretar roles de mezzosoprano.
El distanciamiento social impuesto por las actuales normas epidemiológicas, impidieron el estreno de Fidelio de Ludwig van Beethoven que bajo la dirección escénica de Andreas Baesler y el auspicio de la Embajada de la República Federal de Alemania, llevaría a cabo el Teatro Lírico Nacional de Cuba, incluiría la participación de Alioska Jiménez, y de la cual llegó a realizar el ensayo general.
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