La terminología a capella (en castellano a capela) se entiende como cantar en la capilla o al estilo de la capilla y sin acompañamiento de ningún instrumento musical. Hoy, ya sea dentro de la música popular, o en la música culta refiriéndose una sola voz, pequeños conjuntos como sextetos, quintetos u otros; o a un coro (orfeón o de cámara); para aplicar correctamente la frase a capella no es importante la cantidad de personas que cantan, sino la ausencia total de instrumentos acompañantes.
La expresión, como tantas otras relacionadas con la música, proviene del idioma italiano y son varias las posibles vías en las que dichas capillas terminan conectadas con esta manera concreta de hacer la música.
Por un lado, siendo el sitio de las iglesias donde antiguamente se interpretaba la música, y por otro, vinculado igualmente al ámbito eclesiástico, ya que desde la introducción del gregoriano hasta finales de la Edad Media, existió la prohibición de tocar instrumentos musicales dentro de los templos, lo que obligó a que la música fuera únicamente vocal.
Otra conexión se establece con los cantores formados en las escuelas eclesiásticas de canto y polifonía que conformaban las llamadas Capillas de Música, una estructura organizativa que permitía la existencia de música en una determinada institución, ya fuera vinculada a la nobleza, la realeza o bien a la iglesia en una catedral, un monasterio o un convento y que con solo sus selectas voces, deleitaban a fieles y peregrinos.
Si bien durante siglos la música de las capillas fue a capella, el número y tipología de los cantores fue variando en función de los estilos y los tipos de institución a los que servían, y con ello comenzaron a aparecer instrumentistas atendiendo a su carácter secular o las necesidades propias de cada institución.
El canto gregoriano es una expresión notoria del «canto a capella», pero el auge de la música vocal sin acompañamiento tuvo su punto culminante en los siglos XV y XVI, con las grandes obras corales compuestas por Giovanni da Palestrina, Orlando Di Lasso o Carlo Gesualdo Da Venosa, entre otros autores de extraordinarias composiciones polifónicas para varias voces, ya fueran sacras (misas, motetes, himnos, etc.) o profanas (especialmente madrigales).
Durante siglos y hasta la actualidad, si bien se han compuesto numerosas obras con acompañamiento instrumental, esta tradición de componer e interpretar música a capella continúa vigente y además de los numerosos coros que se dedican a la interpretación de este extenso y nutrido repertorio, existen también otros representantes como Bobby McFerrin, Boyz II Men, Take Six, que exhiben esta práctica con un toque de modernidad; y, a través de la voz, además de las clásicas melodías, generan ritmos y sonidos que aunque simulan instrumentos, siguen siendo un tributo más a la música a capella.
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