Lezama Lima consideró que definir era cenizar, hacer cenizas lo que se definía. Por supuesto, razón le al escritor sobraba para creerlo así, porque al definir estamos deteniendo derivaciones; no obstante, me arriesgo a hacer algunas formulaciones sobre dos de las expresiones escénicas que tiene el teatro y que últimamente son muy recurrentes.
Como ustedes saben existió en Cienfuegos un Festival del Monólogo Latinoamericano y que en la cuarta edición tomó el nombre de Festival del Unipersonal Latinoamericano. Ya este cambio de nombre denota que existe (por lo menos para los organizadores del evento), cierta sinonimia entre ambos términos o alguna diferencia.
¿Habrá diferencia técnica, conceptual o teórica entre un monólogo y un unipersonal? ¿Es posible como suceso escénico el monologismo? ¿Es en un unipersonal el collage dramatúrgico más factible que en el monólogo? ¿Dramáticamente dónde hay más eficacia en un monólogo o en un unipersonal? ¿Dónde son más efectivas la traslación enunciativa y las maniobras discursivas?
¿La tradición logocéntrica del monólogo queda en segundo plano en un unipersonal? ¿La escritura escénica de un unipersonal es más libre que la de un monólogo? ¿Es lo dialógico más conveniente en un unipersonal que en un monólogo?
Una puesta en escena tiene hoy una concepción multidimensional desde el punto de vista fenomenológico. La integración de teorías, métodos, recursos y/o instrumentos de enunciación pueden hacer de cualquier montaje un fenómeno interdisciplinario y ecléctico.
Podemos ver una puesta en escena hoy como un sistema complejo de alta resolución ideo-estética. Todo trabajo escénico, con su concerniente escritura escénica, en sus vínculos y entrelazamientos entre los distintos sistemas significantes, genera significados que no es que sean no visibles desde la misma dramaturgia de la imagen visual, sino que crean una información adicional espinal en la configuración de la concretización por parte del espectador que como sabemos sostiene el compromiso social del teatro.
La concretización puede tener lugar como mirada semiológica espontánea, o innata en el receptor, que enfoca a los significantes a través de la relación lineal entre signo- referente y sus conexiones; mirada que sería sólo formal si no toma en cuenta las estructuras socioculturales que nutren la individualidad y las particularidades de los contextos sociales donde se recibe el texto escénico.
La concretización la podemos ver como un fenómeno fractal: la concreción de la concreción de la concreción, y así hasta las infinitudes de las infinitudes del saber y la subjetividad de la producción escénica y de la recepción de la puesta en escena por parte del espectador-receptor.
El factor dramatúrgico en un monólogo ha ido incorporando la imagen-movimiento y la imagen-tiempo, ambas portadoras de un texto que en ocasiones se antepone al texto lingüístico y queda entonces el logocentrismo sin preponderancia dentro de la escritura escénica.
En un monólogo tradicional la producción de significado está centrada en la palabra, la enunciación vocal; la iconicidad como componente de la escritura escénica es muy secundaria o nula, en tanto no interviene como elemento de significación visual en la representación, aunque podría existir como un significante cuyo valor solo está en lo decorativo, incluso sin conexión semántica alguna con el sentido que se le otorga y da la palabra como preferente vía de enunciación.
Un monólogo no disfruta de la estructura elíptica y fragmentada de un diálogo. En cambio el unipersonal sí asume ese estructura, el emisor se puede solazar en un relato dialógico apoyado en sistemas significantes ajenos a la palabra, existiendo referencias concretas a la situación comunicativa y además el receptor forma parte del trabajo escénico.
Hoy por hoy la concreción de la poética teatral cuenta con decisiones tecnológicas que espesan la iconicidad y el concerniente grado de referencialidad de una imagen donde es importante la plenitud imaginal, tanto en la producción como en la recepción y en el análisis.
Ya en el teatro las maniobras discursivas hacen que la composición escénica tenga esmeros nuevos como discurso-imagen.
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